MÁS DE ECONOMÍA



Consumo en foco

El consumo apenas levanta tras el derrumbe del año pasado

Las ventas de productos esenciales crecieron solo 2% en 2025, luego del desplome del año anterior.

El consumo apenas levanta tras el derrumbe del año pasado

El consumo masivo en la Argentina mostró en 2025 una recuperación tenue, lejos de compensar el fuerte retroceso del año anterior. Tras una caída del 16% en 2024, las ventas de productos básicos como alimentos, bebidas, artículos de limpieza y cosmética apenas lograron un incremento del 2%, en un escenario económico que, si bien mostró signos de mejora, todavía no logró traducirse en una recomposición sólida del poder adquisitivo.

El dato refleja una dinámica que se viene repitiendo: la economía puede crecer, la inflación puede desacelerarse, pero eso no necesariamente se traduce en una mejora inmediata en el consumo cotidiano. Durante 2025, el Producto Bruto Interno avanzó alrededor de un 4%, mientras que el ritmo inflacionario bajó respecto a los picos previos. Sin embargo, los ingresos reales de los hogares continuaron rezagados, condicionando las decisiones de compra.

En la práctica, esto se tradujo en un comportamiento más cauteloso por parte de las familias. El gasto se volvió más selectivo, con prioridad en productos esenciales y una fuerte búsqueda de precios, promociones y segundas marcas. El consumo dejó de ser expansivo para convertirse en defensivo.

Uno de los factores que más incidió en este escenario fue el aumento sostenido del peso de los servicios dentro del presupuesto familiar. Las tarifas de luz, gas, agua y transporte incrementaron su participación en el gasto total, pasando de representar el 12,5% en 2022 a cerca del 18,3% en 2025. Este cambio redujo el margen disponible para la compra de bienes de consumo masivo, que históricamente funcionaban como termómetro del bolsillo.

A la par, comenzaron a reactivarse otros sectores de la economía que compiten directamente por ese ingreso disponible. Rubros como el turismo, la compra de autos o incluso algunas operaciones inmobiliarias mostraron señales de recuperación. En ese contexto, parte del gasto que antes se destinaba a consumo cotidiano migró hacia estas áreas, modificando la estructura del consumo general.

Si se observa el desempeño por rubros, todos los segmentos del consumo masivo registraron subas en 2025, aunque con diferencias marcadas. Los productos de limpieza lideraron con un crecimiento del 3,2%, seguidos por las bebidas con un 2,8%. Los alimentos, el componente más sensible de la canasta, aumentaron un 2%, mientras que la cosmética y los productos de tocador avanzaron apenas un 1,8%.

Más allá de estos números positivos, el panorama de fondo sigue siendo preocupante. Algunos sectores continúan muy por debajo de los niveles históricos. La cosmética y la limpieza, por ejemplo, acumulan caídas de entre el 30% y el 35% respecto de 2017, lo que evidencia una pérdida de consumo difícil de revertir en el corto plazo.

El comportamiento a lo largo del año tampoco fue homogéneo. El primer semestre mostró una recuperación más dinámica, impulsada en parte por una base de comparación muy baja. Sin embargo, hacia la segunda mitad del año el crecimiento se desaceleró, dejando en claro que el rebote inicial no logró consolidarse. Solo alimentos y bebidas consiguieron sostener cierta estabilidad en ese tramo final.

En los canales de venta, también se observaron matices. Los kioscos, por ejemplo, registraron un incremento del 3% en volumen, impulsados principalmente por productos de consumo inmediato. Dentro de este segmento, las bebidas sin alcohol tuvieron un desempeño destacado con un crecimiento del 6%, mientras que las bebidas alcohólicas mostraron una caída del 5%, reflejando un cambio en los hábitos de consumo.

En el rubro de cuidado personal, los productos de tocador avanzaron alrededor de un 2%, mientras que los artículos de belleza crecieron apenas un 1%, lo que confirma que los consumos considerados no esenciales siguen postergados frente a otras prioridades.

El eje central de esta dinámica sigue siendo el ingreso. Si bien en 2025 se registraron mejoras nominales en salarios y prestaciones, estas no alcanzaron para recomponer plenamente el poder de compra. Los salarios del sector privado crecieron en torno al 30%, los del sector público un 32% y las jubilaciones un 25%. En tanto, las asignaciones sociales como la AUH y la Tarjeta Alimentar aumentaron cerca de un 18%.

Estos incrementos, aunque relevantes, quedaron en muchos casos por detrás del impacto acumulado de la inflación de años anteriores. Como resultado, el ingreso disponible de los hogares todavía se ubica por debajo de niveles históricos, lo que limita la capacidad de consumo.

Un indicador clave para entender esta situación es el consumo per cápita de productos masivos. Tomando como base 100 el año 2017, en 2025 este índice se ubicó en 78 puntos. Es decir, no solo no se recuperó el terreno perdido, sino que se mantiene muy lejos de los niveles de años anteriores.

Este dato sintetiza el problema de fondo: la economía puede mostrar señales de ordenamiento y crecimiento, pero la recuperación del consumo es mucho más lenta y desigual. El rebote existe, pero es frágil y todavía insuficiente para hablar de una verdadera mejora en el nivel de vida.

En este contexto, el desafío hacia adelante será consolidar una recuperación más firme del ingreso real. Sin una mejora sostenida del poder adquisitivo, el consumo masivo difícilmente logre recuperar el protagonismo que tuvo en otros momentos. Por ahora, los números muestran apenas un alivio después de la caída, pero no un cambio de tendencia contundente.


¿Te gustó la noticia? Compartíla!