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Crecen los “deudores zombies” en Argentina: miles de personas quedaron fuera del sistema crediticio

El aumento de la mora en préstamos personales y tarjetas encendió alarmas en bancos y fintech.

Crecen los “deudores zombies” en Argentina: miles de personas quedaron fuera del sistema crediticio

La fuerte suba de la morosidad en la Argentina comenzó a dejar una nueva postal dentro del sistema financiero: la aparición masiva de los llamados “deudores zombies”, personas que no solo quedaron imposibilitadas de pagar sus deudas actuales, sino que además perdieron acceso al crédito formal por un largo período.

El fenómeno preocupa tanto a bancos tradicionales como a fintech y empresas de crédito extrabancario, especialmente después del explosivo crecimiento que tuvieron los préstamos personales y el financiamiento con tarjeta durante el último año. La combinación de tasas elevadas, caída del poder adquisitivo y un escenario económico más ajustado terminó empujando a miles de familias al sobreendeudamiento.

En el sector financiero aseguran que el pico de mora ya habría comenzado a estabilizarse, aunque reconocen que el impacto social y económico seguirá sintiéndose durante varios años. El problema central es que quienes incumplieron pagos quedan marcados dentro del sistema mediante un scoring crediticio negativo, una especie de historial financiero que condiciona la posibilidad de obtener nuevos préstamos.

Así, una persona puede refinanciar sus deudas o incluso ponerse al día, pero aun así continuar bloqueada para acceder a financiamiento bancario o a créditos digitales. Ese es justamente el perfil que las entidades describen como “deudor zombie”: alguien que sigue dentro del sistema, pero prácticamente sin posibilidades reales de volver a tomar crédito.

La situación se volvió especialmente visible en los préstamos personales y en el uso de tarjetas de crédito, dos herramientas que durante 2024 crecieron con fuerza en toda la Argentina. En provincias como Salta, donde muchas familias recurrieron al financiamiento para afrontar gastos cotidianos, el problema también comenzó a sentirse con más intensidad.

En los últimos meses aumentaron las consultas por refinanciaciones, reestructuración de cuotas y consolidación de deudas, principalmente entre trabajadores asalariados, monotributistas y empleados públicos. En muchos casos, personas que habían accedido fácilmente a préstamos durante la expansión del crédito terminaron enfrentando cuotas imposibles de sostener cuando las tasas se dispararon y los ingresos quedaron rezagados frente a la inflación.

Desde los bancos reconocen que parte del problema también responde a errores de evaluación de riesgo. La fuerte demanda de crédito sorprendió al sistema financiero y muchas entidades relajaron sus parámetros de otorgamiento en un contexto donde el consumo comenzaba a desacelerarse y las tasas subían aceleradamente.

Actualmente, la mora entre individuos dentro del sistema bancario ronda el 11,2%, un nivel que no se veía desde hace décadas. Pero el panorama es aún más delicado en las fintech y firmas de crédito extrabancario, donde el incumplimiento ya alcanza cerca del 25%. En términos concretos, significa que una de cada cuatro personas tuvo dificultades para devolver el dinero prestado.

El problema no se limita solamente a quienes dejaron de pagar completamente. También afecta a quienes comenzaron a refinanciar cuotas, pagar mínimos de tarjeta o extender plazos de devolución para intentar sostenerse dentro del sistema.

Ante este escenario, los bancos empezaron a desplegar estrategias para recuperar parte de los créditos otorgados. Varias entidades ofrecen refinanciaciones con tasas considerablemente más bajas que las originales e incluso por debajo de la inflación proyectada. Además, amplían los plazos de pago para reducir el impacto mensual de las cuotas.

La lógica detrás de esas medidas es clara: las entidades entienden que un cliente totalmente excluido del sistema tiene pocos incentivos para seguir pagando. Por eso buscan darles margen para acomodar sus finanzas antes de que la deuda se vuelva completamente incobrable.

Sin embargo, aun quienes logran refinanciar continúan cargando con un historial negativo que condicionará sus posibilidades futuras. En muchos casos, pasarán entre dos y tres años antes de poder acceder nuevamente a créditos personales, tarjetas o financiamiento para consumo.

La situación genera preocupación porque el crédito se había convertido en una herramienta clave para sostener el consumo en la Argentina durante los últimos años. Electrodomésticos, celulares, materiales de construcción e incluso gastos básicos comenzaron a financiarse en cuotas cada vez más largas.

Con el deterioro económico y el aumento del costo financiero, muchas familias quedaron atrapadas en una cadena de endeudamiento difícil de cortar. En ciudades del interior, como Salta capital, Tartagal, Orán o Metán, comerciantes también empezaron a notar una caída en las compras financiadas y un mayor rechazo de operaciones crediticias.

El endurecimiento de las condiciones para otorgar préstamos ya comenzó a sentirse. Bancos y fintech ajustaron requisitos, redujeron montos aprobados y endurecieron los análisis de perfil financiero. El objetivo ahora es evitar una nueva ola de mora como la registrada en el último año.

Desde el sector financiero sostienen que la situación actual es distinta a la de años anteriores porque la inflación dejó de “licuar” las cuotas de los préstamos como sucedía históricamente en la Argentina. Durante mucho tiempo, el aumento constante de precios terminaba reduciendo el peso real de las cuotas con el correr de los meses. Pero el nuevo escenario económico modificó esa dinámica y dejó a muchos tomadores de crédito atrapados en compromisos que ya no pudieron sostener.

El propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que muchas personas se endeudaron bajo la expectativa de que la inflación continuaría ayudando a reducir el peso de las cuotas. Sin embargo, el freno relativo de la inflación y las altas tasas terminaron generando el efecto contrario.

En paralelo, referentes bancarios advirtieron que intervenir artificialmente sobre las tasas o imponer límites desde el Congreso podría terminar afectando todavía más el acceso al crédito. Según explican, el sistema necesita recuperar previsibilidad para volver a prestar con mayor normalidad.

Mientras tanto, el fenómeno de los “deudores zombies” ya se transformó en una de las principales preocupaciones del sistema financiero argentino. Aunque los bancos creen que el peor momento de la mora podría haber quedado atrás, el impacto social del sobreendeudamiento seguirá marcando a miles de familias durante los próximos años.

En Salta, como en gran parte del país, el desafío no solo pasa por ordenar las cuentas personales, sino también por recuperar la posibilidad de volver a ingresar a un sistema financiero que hoy aparece cada vez más restrictivo para quienes quedaron atrapados en la crisis del crédito.


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