El empleo formal privado en Argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. En octubre de 2025, la cantidad de asalariados registrados en el sector privado descendió a 6,19 millones, el nivel más bajo desde mediados de 2022. El dato confirma una tendencia descendente que se consolidó a lo largo de los últimos meses y que refleja las dificultades estructurales del mercado laboral para sostener puestos de trabajo estables.
La caída no fue un hecho aislado. Solo en octubre, el empleo privado formal retrocedió un 0,3% en términos desestacionalizados, lo que se tradujo en la pérdida de casi 18 mil puestos respecto del mes anterior. Con este resultado, se acumularon cinco meses consecutivos de retroceso, desde junio, con un saldo negativo que supera los 71 mil empleos menos en ese período.
Si la comparación se amplía en el tiempo, el panorama se vuelve aún más preocupante. Desde noviembre de 2023 hasta octubre de 2025, el sector privado formal perdió más de 176 mil puestos de trabajo. En la medición interanual, frente a octubre del año pasado, la caída fue cercana al 1%, lo que equivale a más de 58 mil trabajadores que dejaron de estar registrados en empresas privadas.
Detrás de estos números aparece una dinámica económica que todavía no logra traducirse en creación de empleo. Si bien algunos indicadores macroeconómicos mostraron señales de estabilización, el impacto positivo no llegó al mercado laboral, que continúa ajustándose a partir de despidos, no renovación de contratos y cierre de actividades.
El análisis por sectores muestra un escenario heterogéneo, aunque con un claro predominio de resultados negativos. En octubre, solo la pesca logró exhibir un crecimiento mensual, con una suba del 1,8% y la incorporación de poco más de 260 trabajadores. Un pequeño grupo de actividades, como la enseñanza, los servicios de electricidad, gas y agua, y el área de salud y servicios sociales, se mantuvo prácticamente sin cambios.
En contraste, la mayoría de los sectores productivos registró caídas. La industria manufacturera volvió a ubicarse entre los más afectados, con un descenso cercano al 0,6%, en un contexto de menor actividad, dificultades para sostener costos y un consumo interno que no termina de repuntar. La construcción también sufrió un nuevo retroceso mensual, del orden del 0,5%, consolidándose como el sector más golpeado desde el cambio de ciclo económico.
Justamente la construcción es uno de los casos más críticos. Desde noviembre de 2023 acumula una caída superior al 15% en el empleo formal privado. La paralización de obras, la retracción de la inversión y la incertidumbre financiera impactaron de lleno en una actividad que históricamente funciona como motor de generación de empleo.
La explotación de minas y canteras, otro sector relevante para varias economías regionales, también mostró una baja mensual cercana al 0,5%, mientras que otras ramas de servicios y actividades productivas acompañaron la tendencia general a la baja.
El comportamiento del empleo formal privado también mostró diferencias marcadas entre provincias. Durante octubre, solo cuatro jurisdicciones lograron exhibir una mejora mensual en la cantidad de trabajadores registrados, mientras que en la gran mayoría se registraron caídas. En algunos distritos, el retroceso superó el 1% en apenas un mes, una señal de la fragilidad del empleo en economías más dependientes del consumo interno y del gasto público.
En la comparación interanual, el mapa provincial evidencia un deterioro aún más profundo en algunas regiones, con caídas de dos dígitos en el empleo privado formal. Estas cifras dan cuenta de un proceso de ajuste que no fue homogéneo y que golpeó con mayor fuerza a provincias con menor diversificación productiva o más expuestas a la retracción de la obra pública y la industria.
Desde noviembre de 2023, solo un puñado de provincias logró recuperar o incluso superar los niveles de empleo privado formal previos. En esos casos, el empuje estuvo vinculado principalmente a actividades energéticas y a proyectos con alto nivel de productividad, que lograron sostener o incrementar la demanda de mano de obra registrada. En el resto del país, el empleo formal continúa por debajo de esos niveles, con pérdidas acumuladas que en algunos casos superan ampliamente el promedio nacional.
El escenario general plantea un desafío central para la economía argentina: cómo transformar una eventual estabilización macroeconómica en una mejora concreta del empleo. La persistencia de la caída en el trabajo registrado privado no solo impacta en los ingresos de las familias, sino también en la recaudación, la seguridad social y las condiciones de vida en las distintas regiones del país.
A este contexto se sumaron, ya en las primeras semanas de 2026, nuevos anuncios que encendieron señales de alerta. Varias empresas comunicaron cierres de plantas, suspensiones y despidos, en un marco marcado por la caída del consumo, la competencia de productos importados y los problemas financieros para sostener la actividad. Estas decisiones empresariales reforzaron la percepción de que el mercado laboral seguirá bajo presión en el corto plazo.
El deterioro del empleo formal privado aparece así como uno de los principales límites para una recuperación más sólida. Sin una mejora sostenida en la creación de puestos registrados, el crecimiento económico resulta difícil de consolidar y los efectos positivos tardan en llegar a la vida cotidiana de millones de trabajadores.
Mientras tanto, el mercado laboral continúa ajustándose, con menos empleo estable y mayores niveles de incertidumbre. La evolución de los próximos meses será clave para determinar si la tendencia logra revertirse o si el empleo privado formal seguirá marcando mínimos que no se veían desde hace varios años.