La desigualdad de ingresos en la Argentina volvió a quedar en evidencia con un nuevo informe que muestra una brecha marcada entre la Ciudad de Buenos Aires y las provincias del norte. En ese panorama, Salta aparece nuevamente entre las jurisdicciones con menores niveles salariales, donde el ingreso diario promedio no alcanza a la mitad del que se registra en el distrito porteño.
Los datos reflejan una diferencia estructural que se repite desde hace años. Mientras en la Ciudad de Buenos Aires los ingresos diarios superan los 25 dólares, en el norte argentino no llegan a los 9. Esa distancia ubica a provincias como Salta en una situación de desventaja persistente dentro del mapa económico nacional.
El economista Jorge Paz explicó que no se trata de una situación coyuntural, sino de un fenómeno histórico. Según señaló, el ingreso per cápita de Salta es casi la mitad del de la Capital Federal, una diferencia que responde a la estructura productiva, el tipo de empleo disponible y la concentración de actividades de mayor valor agregado en el centro del país.
A esta brecha se suma otro factor clave que impacta directamente en el bolsillo de los salteños: el costo de vida. En provincias alejadas de los grandes centros de consumo, los precios tienden a ser más altos por cuestiones logísticas y de transporte. Esto encarece productos básicos y agrava la pérdida de poder adquisitivo, especialmente en hogares de ingresos medios y bajos.
Pero la desigualdad no solo se observa entre provincias. Dentro de la propia Salta también se registran diferencias significativas. De acuerdo a estimaciones recientes, la pobreza en el interior provincial se ubica cerca del 46%, mientras que en la capital ronda el 30%. Esta brecha interna muestra que el acceso a empleo y oportunidades no es homogéneo en el territorio salteño.
Otro de los factores determinantes es la estructura del mercado laboral. En Salta, gran parte de los trabajadores se desempeña en sectores como comercio, construcción y servicio doméstico, rubros que concentran bajos salarios y altos niveles de informalidad. En ese sentido, la informalidad laboral alcanza cerca del 40%, lo que implica que una porción importante de los trabajadores no cuenta con aportes ni estabilidad.
El economista remarcó que este nivel de informalidad es uno de los principales condicionantes de los ingresos en la provincia. La falta de empleo registrado limita el acceso a derechos laborales básicos y reduce la capacidad de consumo de los hogares, generando un círculo de baja productividad y bajos salarios.
Si bien algunos sectores como la minería y el agro muestran cierto dinamismo económico, su impacto no se distribuye de manera homogénea en la población. En muchos casos, los beneficios quedan concentrados en grupos reducidos, sin una derrame significativo hacia el conjunto del mercado laboral.
En este contexto, la economía cotidiana de gran parte de los hogares salteños continúa sostenida por actividades de baja remuneración y alta inestabilidad. La combinación de salarios bajos, informalidad laboral y mayores costos de vida configura un escenario complejo que profundiza la desigualdad de ingresos y mantiene a la provincia entre las más rezagadas del país en términos salariales.