La actividad económica argentina mostró una recuperación sobre el cierre de 2025 y terminó el año con un crecimiento acumulado del 4,4%, de acuerdo con el último informe difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. El dato se apoyó en un repunte mensual del 1,8% en diciembre, que permitió revertir la leve contracción registrada en noviembre y cerrar el calendario con mejores perspectivas de cara a 2026.
El indicador difundido corresponde al Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), una herramienta clave para anticipar el comportamiento del Producto Bruto Interno (PBI). En diciembre, el índice alcanzó su nivel más alto desde 2004 en la serie desestacionalizada y también en la tendencia-ciclo, superando registros previos que habían marcado picos en los últimos años. El dato fue leído como una señal positiva luego de meses atravesados por ajustes fiscales, desaceleración inflacionaria y reacomodamientos en distintos sectores productivos.
El crecimiento anual estuvo lejos de ser homogéneo. De los sectores relevados, once mostraron mejoras interanuales en diciembre, mientras que cuatro continuaron en terreno negativo. El mayor impulso provino del rubro Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que registró un salto interanual del 32,2% en el último mes del año. La explicación central fue la campaña triguera, con niveles de producción y rendimiento que superaron ampliamente el promedio de las últimas cinco temporadas.
El agro no sólo encabezó el ranking sectorial sino que además explicó buena parte del resultado global. Junto con la intermediación financiera, que avanzó 14,1% interanual, aportaron en conjunto 2,4 puntos porcentuales al crecimiento total del EMAE. En un contexto de estabilización macroeconómica, el mayor volumen de operaciones financieras y la dinámica del mercado de capitales también contribuyeron a ese desempeño.
En contrapartida, la industria manufacturera volvió a mostrar señales de debilidad. En diciembre registró una caída interanual del 3,9%, afectada por retrocesos en varios rubros fabriles. También el comercio mayorista y minorista, junto con el segmento de reparaciones, evidenció una baja del 1,3%. Entre ambos sectores restaron 0,8 puntos porcentuales al resultado general del indicador.
El contraste entre el dinamismo del agro y la fragilidad industrial expuso una recuperación desigual. Mientras las actividades primarias lograron capitalizar mejores condiciones climáticas y cierta estabilidad cambiaria, la producción manufacturera siguió condicionada por costos, menor consumo y un mercado interno todavía retraído.
El repunte de diciembre resultó relevante además porque noviembre había generado dudas. En ese mes, el EMAE había retrocedido 0,3% tanto en la comparación mensual como interanual. Si bien diez sectores habían mostrado subas respecto al mismo mes del año anterior, el desempeño agregado había encendido alertas sobre cómo terminaría el año. El último dato terminó despejando parte de esa incertidumbre.
Más allá de las cifras oficiales, las estimaciones privadas reflejaron matices en la lectura de la actividad económica argentina. Algunas consultoras detectaron un crecimiento más moderado en diciembre y señalaron que el envión estuvo concentrado en pocos rubros. Entre los factores expansivos se destacaron las ventas mayoristas de vehículos a concesionarios, la recuperación de la construcción —con mejoras en despachos de insumos y cemento— y un aumento en la demanda eléctrica de grandes usuarios, vinculado a sectores de alta intensidad energética.
Sin embargo, también persistieron señales de enfriamiento. La producción automotriz mostró caídas interanuales y mensuales, los patentamientos no lograron consolidar una tendencia firme y algunos indicadores financieros reflejaron menor dinamismo. A eso se sumaron descensos en préstamos y variaciones negativas en índices de confianza del consumidor, lo que sugiere que la mejora en la actividad todavía no se traduce de manera plena en mayor consumo o recuperación sostenida del empleo formal.
Otras mediciones privadas incluso registraron una leve baja interanual en diciembre, aunque coincidieron en que el balance de 2025 resultó positivo en términos agregados. En esos análisis se destacó que el cuarto trimestre mostró cierta desaceleración respecto del tercero, marcando un cierre de año con ritmo más moderado que el observado en la primera mitad del calendario.
El comportamiento sectorial volvió a evidenciar contrastes. El agro sostuvo un desempeño sólido, acompañado en algunos casos por minería y servicios públicos. En cambio, ramas industriales como maquinaria y equipo, plásticos y alimentos enfrentaron mayores dificultades. Algunas actividades vinculadas a refinerías mostraron incrementos puntuales, pero no alcanzaron para revertir la tendencia general del sector manufacturero.
En términos macroeconómicos, el crecimiento de 4,4% en 2025 se dio en un contexto de fuerte reordenamiento fiscal y monetario. La desaceleración de la inflación, uno de los ejes centrales de la política económica, convivió con un proceso de ajuste del gasto público y reconfiguración del mercado interno. El resultado fue una economía que mostró señales de estabilización, aunque con disparidades marcadas entre sectores ganadores y rezagados.
Para 2026, las expectativas giran en torno a la posibilidad de consolidar la recuperación. El desempeño del EMAE será un dato clave para medir el margen de maniobra del Gobierno nacional y la evolución del PBI. La incógnita pasa por saber si el impulso del agro podrá complementarse con una reactivación más amplia de la industria, el comercio y el consumo.
En el norte del país, donde las economías regionales dependen en gran medida de la producción primaria y de la dinámica del mercado interno, el impacto de estos números se sigue con atención. La mejora en la cosecha y en determinados complejos exportadores abre oportunidades, pero la debilidad industrial y la cautela del consumo todavía plantean desafíos.
El cierre de 2025 dejó, en definitiva, un balance positivo en términos estadísticos, con la actividad económica en alza y un diciembre que marcó el mejor registro en más de dos décadas. No obstante, la recuperación aparece como parcial y heterogénea. El desafío para el nuevo año será transformar ese rebote en un crecimiento más equilibrado, con mayor generación de empleo y un entramado productivo que logre despegar de manera más pareja en todo el país.