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La confianza del consumidor volvió a caer y tocó su nivel más bajo en meses

El indicador registró su tercera caída consecutiva y retrocedió a niveles de 2024. Crecen las señales de enfriamiento en el consumo y el ánimo social.

La confianza del consumidor volvió a caer y tocó su nivel más bajo en meses

La confianza del consumidor volvió a mostrar señales de debilidad en abril y encendió nuevas alertas sobre el rumbo del consumo en la Argentina. El índice registró una caída del 5,7% respecto de marzo y acumuló así su tercer descenso mensual consecutivo, ubicándose en 39,64 puntos, uno de los niveles más bajos del último año.

El dato no solo confirma una tendencia negativa en el inicio del segundo trimestre, sino que además marca un retroceso significativo frente al repunte que se había observado durante 2025. En la práctica, el indicador regresó a valores similares a los de fines de 2023, lo que refleja un deterioro en la percepción económica de los hogares.

El impacto de esta baja no fue homogéneo. Los sectores de menores ingresos resultaron los más golpeados, con un desplome marcado en sus niveles de confianza. La suba sostenida de precios en alimentos y el peso creciente de las tarifas de servicios públicos aparecen como factores determinantes en este deterioro, que afecta directamente la capacidad de consumo cotidiano.

En contraste, los hogares de ingresos más altos mostraron mayor estabilidad. Si bien también registraron una leve caída, el retroceso fue mucho más moderado, lo que evidencia una brecha cada vez más amplia en la percepción económica entre distintos segmentos sociales.

A nivel geográfico, el interior del país se mantuvo como la zona con mejores niveles relativos de confianza, aunque paradójicamente también fue donde se registró la caída más pronunciada del mes. Por su parte, el Gran Buenos Aires continúa mostrando los niveles más bajos, consolidándose como el área con mayor pesimismo.

Uno de los puntos más sensibles del informe es el freno en la intención de compra de bienes durables. La posibilidad de adquirir electrodomésticos, autos o propiedades se redujo casi un 10%, en un contexto marcado por mayores restricciones al crédito y un incremento de la morosidad bancaria. Este escenario complica el acceso al financiamiento y limita las decisiones de consumo a mediano plazo.

Al mismo tiempo, se observó un cambio en el humor social: por primera vez en varios meses, la percepción sobre la situación personal cayó más que las expectativas económicas generales. Esto sugiere que el desgaste en las condiciones de vida empieza a pesar más que las expectativas de mejora a futuro.

El dato no es menor. Durante gran parte del último año, el sostén del ánimo social estuvo vinculado a la expectativa de estabilización económica. Sin embargo, la persistencia de dificultades en el presente parece estar erosionando esa paciencia.

Si se toma como referencia el pico alcanzado a comienzos de 2025, la confianza acumuló una caída superior al 16%. Aunque todavía se mantiene por encima de los mínimos históricos registrados tras el impacto inicial del ajuste, la seguidilla de bajas consecutivas no se veía con esta intensidad desde hace varios años.

El escenario abre interrogantes sobre la evolución del consumo en los próximos meses, un factor clave para la actividad económica. Con menor confianza, menor acceso al crédito y una percepción más negativa de la situación personal, el comportamiento de los hogares aparece cada vez más condicionado.

En este contexto, el termómetro social vuelve a mostrar señales de enfriamiento, en un momento donde las expectativas empiezan a chocar con la realidad cotidiana.


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