La morosidad de las familias argentinas registró una leve baja en agosto y se ubicó en el 12,81%, aunque continúa en niveles elevados. En apenas doce meses, el indicador casi se duplicó, reflejando las dificultades de muchos hogares para cumplir con sus compromisos financieros.
La reducción mensual fue de 0,13 puntos porcentuales respecto de julio, cuando el atraso en los pagos había vuelto a crecer. Sin embargo, la comparación interanual muestra un deterioro marcado: en agosto de 2025, la mora familiar era del 6,6%, por lo que aumentó 6,21 puntos porcentuales en un año.
La evolución refleja la presión que enfrentan las economías domésticas para sostener el pago de préstamos y otras obligaciones en un contexto de dificultades para equilibrar ingresos y gastos.
En agosto, la baja del indicador estuvo vinculada principalmente con una reducción del saldo real de los créditos en situación irregular, mientras que el financiamiento total se mantuvo prácticamente estable en términos reales.
En el segmento empresarial, en cambio, la morosidad de los préstamos subió al 3,8%, con un incremento mensual de 0,18 puntos porcentuales.
Al considerar el conjunto de los créditos otorgados al sector privado, el nivel de irregularidad se ubicó en el 7,75%, apenas por encima del 7,73% registrado en julio. De esta manera, el indicador general se mantuvo prácticamente estable, aunque con diferencias entre familias y empresas.
Otro dato del informe mostró una mejora en la probabilidad estimada de incumplimiento de las deudas, que descendió por tercer mes consecutivo. El indicador general cayó 0,1 puntos porcentuales y quedó en el 2,26%.
Entre las familias, la probabilidad estimada de incumplimiento bajó al 3,71%, con una reducción mensual de 0,24 puntos. En las empresas, se mantuvo prácticamente sin cambios, en torno al 1,1%.
Aunque la leve caída de agosto interrumpió el avance mensual de la mora familiar, el nivel acumulado durante el último año continúa mostrando un escenario complejo. La evolución de los próximos meses será clave para determinar si la mejora se consolida o si los atrasos en los pagos vuelven a aumentar.