En los barrios populares de Salta la plata no alcanza y las deudas se convirtieron en una herramienta de supervivencia.
Un relevamiento del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi) en más de 40 asentamientos y barrios de la ciudad capital encendió las luces de alerta: el 86% de los hogares consultados mantiene algún tipo de deuda y el 66% reconoció que se endeudó específicamente para comprar alimentos.
El trabajo, que abarcó alrededor de 500 casos, muestra un panorama duro. El 77% de las familias presenta atraso en el pago de sus obligaciones. Ya no se trata de créditos para un electrodoméstico o una mejora en la vivienda: el dinero prestado se usa para llenar la olla, pagar la luz, el gas o comprar remedios.
Darío Limachi, referente de Libres del Sur, explicó que el objetivo del relevamiento fue conocer cómo se financian las familias que viven de changas, trabajos informales o que no llegan a un banco. “El 66% se endeuda por la comida”, resumió al presentar los números. Detrás de ese porcentaje aparecen otras cifras preocupantes: el 48% pidió plata para afrontar servicios y el 45% para gastos de salud y medicamentos.
Los ingresos tampoco dan abasto. El 45% de los consultados afirmó que lo que entra a casa no cubre las necesidades básicas. Un 19% dijo que, una vez pagadas las cuentas, solo le queda alrededor del 15% del sueldo disponible. Otro 12% contó que el dinero le alcanza apenas hasta el día 10 del mes. Con changas y trabajos variables, la previsibilidad se vuelve casi imposible.
Ante la falta de plata, las familias salteñas buscaban distintas salidas. El 40% recurrió a tarjetas de crédito y el 38% pidió prestado a familiares. También aparecen mecanismos más riesgosos: el 30% usa el fiado en el almacén del barrio, cerca del 28% acude a prestamistas informales y un 27% apela a billeteras virtuales para obtener financiamiento rápido.
Los préstamos de prestamistas informales generan especial preocupación por los intereses altos y las formas de cobro que pueden aparecer cuando no se llega a devolver el dinero. En los barrios donde la informalidad es la regla, estas deudas se transforman en una carga pesada que se arrastra mes a mes.
Aunque el foco está puesto en Salta, el fenómeno del endeudamiento para gastos cotidianos se observa en distintas partes del país. En los sectores más humildes el crédito dejó de ser una herramienta de consumo y se convirtió en una estrategia para llegar a fin de mes.
La foto que deja el relevamiento en los barrios salteños es clara: muchas familias ya no pueden organizar el presupuesto sin recurrir a algún tipo de deuda. Mientras se discute el rumbo económico a nivel nacional, en las calles de Salta la prioridad sigue siendo poner un plato de comida en la mesa.