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Una familia necesitó casi $1,4 millones para no ser pobre en febrero

El costo de la canasta básica total subió 2,7% en febrero y quedó apenas por debajo de la inflación del mes.

Una familia necesitó casi $1,4 millones para no ser pobre en febrero

La presión del costo de vida volvió a reflejarse en los números que marcan el límite entre la pobreza y la indigencia. Durante febrero, el valor de la canasta básica total registró un aumento mensual del 2,7% y una familia tipo necesitó ingresos de $1.397.672 para mantenerse por encima de la línea de pobreza.

El incremento fue levemente inferior a la inflación del mes, que se ubicó en 2,9%. Aun así, el dato confirma que el costo de cubrir las necesidades básicas continúa en niveles elevados y exige ingresos cada vez más altos para sostener el consumo mínimo de un hogar.

La canasta básica total es el indicador que se utiliza para determinar la línea de pobreza. Incluye alimentos, pero también bienes y servicios esenciales como transporte, educación, salud, vestimenta y gastos del hogar. Cuando los ingresos familiares no alcanzan para cubrir ese conjunto mínimo, el hogar se considera estadísticamente pobre.

En febrero, la suba mensual de la canasta básica fue además menor a la registrada en enero, cuando el indicador había trepado al 3,9%. A pesar de esa desaceleración, el impacto acumulado en el año sigue siendo significativo: en los dos primeros meses de 2026 el aumento fue del 6,8%.

Si se analiza la evolución en términos interanuales, el incremento de la canasta básica total alcanzó el 32,1%. Esto refleja cuánto se encareció el costo mínimo de vida en comparación con el mismo período del año pasado.

Los valores cambian según la composición del hogar, ya que la medición contempla diferentes necesidades de consumo según la cantidad de integrantes y sus edades. En ese marco, los ingresos mínimos necesarios para superar la línea de pobreza durante febrero fueron los siguientes:

  • Una persona sola necesitó $452.321.
  • Un hogar de tres integrantes requirió $1.112.710.
  • Una familia de cuatro personas necesitó $1.397.672.
  • Un hogar de cinco integrantes debió contar con $1.470.043.

Estos números muestran con claridad cómo la presión del costo de vida impacta con mayor fuerza en los hogares más numerosos, donde el gasto mensual crece de manera considerable por el consumo de alimentos, transporte, servicios y otros gastos básicos.

La otra medición clave para analizar la situación social es la canasta básica alimentaria, que define el umbral de indigencia. Este indicador contempla únicamente el costo de los alimentos necesarios para cubrir los requerimientos calóricos mínimos de una persona o de un grupo familiar.

En febrero, la canasta alimentaria registró un aumento del 3,2%, una variación que incluso quedó por encima de la inflación general del mes. Esto significa que los alimentos, uno de los componentes más sensibles del gasto cotidiano, siguieron subiendo a un ritmo mayor que el promedio de precios.

En la comparación anual, el aumento de la canasta básica alimentaria fue aún más marcado: alcanzó el 37,6%. En lo que va del año, el incremento acumulado llegó al 9,3%, lo que confirma que el rubro alimentos sigue mostrando fuertes variaciones en el inicio de 2026.

Para dimensionar el impacto de estos valores en la economía cotidiana, también se establecieron los ingresos mínimos necesarios para no caer en la indigencia. Es decir, el dinero indispensable para poder comprar únicamente los alimentos básicos.

Durante febrero, esos ingresos fueron los siguientes:

  • Una persona necesitó $208.443.
  • Un hogar de tres integrantes requirió $512.769.
  • Una familia de cuatro personas necesitó $644.088.
  • Un hogar de cinco integrantes debió contar con $677.439.

La diferencia entre la canasta alimentaria y la canasta total refleja el peso que tienen los gastos no alimentarios en la vida cotidiana. Alquileres, transporte, servicios, educación y salud representan una parte cada vez más importante del presupuesto familiar.

En ese contexto, la evolución de la canasta básica se convirtió en uno de los indicadores más observados para analizar la situación económica y social del país. Cada variación mensual tiene un impacto directo en la medición de la pobreza y en el poder adquisitivo de los hogares.

El dato de febrero también confirma una tendencia que se viene repitiendo en los últimos meses: aunque la inflación general pueda mostrar señales de desaceleración, el costo de cubrir las necesidades básicas continúa en niveles elevados.

Esto se debe a que muchos de los rubros que integran la canasta básica —especialmente alimentos, transporte y servicios— tienen un peso fuerte en el gasto cotidiano de las familias. Por eso, cualquier aumento en esos sectores repercute rápidamente en el presupuesto mensual.

En la práctica, la cifra cercana a $1,4 millones para una familia tipo funciona como una referencia clara del ingreso mínimo necesario para sostener el nivel de consumo básico. Por debajo de ese monto, los hogares quedan estadísticamente por debajo de la línea de pobreza.

Los números también evidencian la brecha entre los ingresos y el costo real de vida, especialmente para los sectores con salarios más bajos o ingresos informales. En esos casos, el aumento sostenido de los gastos básicos suele obligar a recortar consumo o priorizar ciertos pagos sobre otros.

A medida que avanza el año, la evolución de estos indicadores seguirá siendo clave para medir el impacto de la inflación en la economía doméstica. Cada actualización de la canasta básica permite observar cómo cambian las condiciones mínimas necesarias para sostener el nivel de vida de los hogares.

Por ahora, el dato de febrero deja una señal clara: sostener los gastos básicos de una familia en Argentina requiere ingresos cada vez más altos, incluso en un contexto donde la inflación mensual muestra señales de moderación.

 


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