Un postre clásico que combina la suavidad de la crema con el dulzor de los duraznos y una base de vainillas húmedas. Se prepara en pocos minutos, no necesita horno y es ideal para servir bien frío.
Ingredientes
1 paquete de vainillas
1 lata de duraznos en almíbar
500 ml de crema de leche
4 cucharadas de azúcar
1 cucharadita de esencia de vainilla
100 ml del almíbar de los duraznos
2 cucharadas de azúcar impalpable, opcional
Duraznos extra para decorar
Preparación
Preparar los duraznos: escurrir los duraznos y reservar el almíbar. Cortar la fruta en cubos pequeños o en láminas finas.
Batir la crema: colocar la crema de leche bien fría en un bowl y batir junto con el azúcar y la esencia de vainilla hasta obtener una crema firme. No batir de más para evitar que se corte.
Armar la base: cubrir el fondo de una fuente con una capa de vainillas. Humedecerlas ligeramente con el almíbar de los duraznos, sin empaparlas demasiado.
Agregar la crema y los duraznos: colocar una capa de crema sobre las vainillas y distribuir parte de los duraznos.
Repetir las capas: volver a colocar vainillas, almíbar, crema y duraznos hasta completar la fuente. Terminar con una generosa capa de crema.
Decorar: distribuir láminas de durazno por encima y, si se desea, espolvorear con un poco de azúcar impalpable.
Enfriar: llevar a la heladera durante al menos 3 horas. Para lograr una textura todavía más firme y sabrosa, dejarlo reposar toda la noche