El gas natural sufrió un aumento promedio del 16,86% a nivel nacional desde el 1 de febrero, en el marco de la nueva política de subsidios que busca suavizar los impactos estacionales en las facturas de los hogares. El ajuste afectará principalmente a los usuarios residenciales y se aplica incluso en un período de consumo relativamente bajo, anticipando un golpe al presupuesto familiar.
El aumento responde a varias medidas combinadas: la Revisión Quinquenal Tarifaria, ajustes mensuales por inflación, la segmentación de subsidios y la fijación de un precio unificado de gas para todo el año. Desde el Gobierno destacan que el objetivo es distribuir el impacto de manera progresiva para evitar incrementos abruptos durante el invierno, cuando la demanda de gas suele dispararse.
El monto que cada hogar deberá pagar dependerá de la categoría de consumo. Para los usuarios residenciales R1, la más común, la suba promedio será de alrededor de 3.000 pesos, mientras que uno de cada cinco hogares experimentará incrementos menores a 1.000 pesos. En las primeras cuatro categorías residenciales, que agrupan al 70% de los usuarios, el aumento variará entre 960 y 6.400 pesos. El 30% restante, con consumos más elevados, verá subas de entre 2.900 y 11.300 pesos mensuales.
Aunque también se aplicó un incremento del 3,59% en la tarifa eléctrica, este solo alcanza a las zonas servidas por EDENOR y EDESUR, por lo que no impacta en todo el territorio. Por eso, el gas se perfila como el servicio público que más presión ejerce sobre el bolsillo de los hogares en este arranque de año.
El contexto económico actual, marcado por la inflación y la creciente carga de servicios, hace que cada ajuste tarifario tenga un efecto más visible en los presupuestos familiares. Analistas señalan que este esquema busca que las familias distribuyan el gasto energético a lo largo de los meses, evitando sorpresas demasiado costosas en los períodos de mayor consumo.
Con la reestructuración de los subsidios, el Estado apunta a mantener cierto control sobre la evolución de las tarifas y reducir la volatilidad de los precios durante el año, aunque el alivio será parcial y dependerá del nivel de consumo de cada hogar. En definitiva, las familias deben prepararse para un aumento que se sentirá desde febrero, incluso antes de que la temperatura empiece a bajar de manera significativa.