La presión económica sobre los hogares argentinos sigue creciendo y cada vez más trabajadores buscan alternativas para sostener sus ingresos. Un relevamiento nacional reveló que cuatro de cada diez personas con empleo están intentando conseguir un segundo trabajo para poder llegar a fin de mes, en un contexto marcado por salarios ajustados, aumento del costo de vida y pérdida de capacidad de compra.
El dato surge de una encuesta reciente que también expone otra realidad preocupante: el 52% de la población aseguró que no logra cubrir sus gastos mensuales. Se trata de uno de los niveles más altos registrados por la medición y confirma que la situación económica continúa siendo delicada para una gran parte de los hogares del país.
A ese grupo se suma otro 31% que afirmó llegar “con lo justo”, sin capacidad de ahorro ni margen para afrontar imprevistos. En términos generales, ocho de cada diez argentinos atraviesan algún grado de tensión financiera, entre quienes directamente no llegan a cubrir gastos y quienes lo hacen al límite.
Solo una minoría manifestó estar en una posición más holgada. Según el estudio, apenas el 17% de los consultados dijo que puede pagar sus gastos mensuales y además ahorrar algo de dinero.
El escenario refleja el fuerte impacto que viene teniendo la inflación acumulada, los aumentos en servicios, alquileres, alimentos y transporte, además del retraso de ingresos en muchos sectores laborales.
Para miles de familias argentinas, el sueldo principal ya no alcanza y por eso crece la búsqueda de changas, trabajos extra, ventas por redes sociales, tareas freelance o empleos de media jornada complementarios. En muchos casos, se trata de personas con empleo formal que igualmente necesitan otra entrada de dinero.
La tendencia se observa tanto en grandes ciudades como en provincias del interior. En Salta, por ejemplo, numerosos trabajadores combinan su actividad principal con ventas informales, repartos, manejo de aplicaciones, emprendimientos caseros o servicios particulares para reforzar el presupuesto mensual.
El problema no solo afecta a quienes tienen menores ingresos. También golpea a sectores medios que antes podían ahorrar, vacacionar o sostener cierto nivel de consumo y hoy destinan casi todo lo que ganan a gastos básicos.
Otro punto que marca la encuesta es el deterioro progresivo del poder adquisitivo. Aunque algunos indicadores macroeconómicos puedan mostrar estabilidad en determinados momentos, en la economía cotidiana muchas familias sienten que cada vez alcanza menos.
La serie comparativa incluida en el informe muestra que el porcentaje de personas que no llegan a fin de mes venía en ascenso durante los últimos meses. Tras una baja puntual a comienzos de 2026, volvió a subir hasta alcanzar el 52% en abril.
Ese crecimiento indica que la mejora económica todavía no impacta de manera uniforme en el bolsillo de la mayoría de la población. Para amplios sectores, la recuperación sigue siendo una expectativa lejana.
En paralelo, disminuyó el grupo que dice llegar con lo justo, algo que no necesariamente representa una mejora: parte de esas personas pasaron directamente al segmento que ya no logra cubrir gastos.
El dato sobre la búsqueda de un segundo empleo también revela cambios profundos en la dinámica laboral argentina. Cada vez más personas diversifican ingresos, reparten horas entre distintas actividades y resignan tiempo de descanso para sostener el hogar.
Esto genera consecuencias adicionales: más estrés, menos tiempo en familia, desgaste físico, dificultades para estudiar y menor calidad de vida general.
En provincias como Salta, donde muchos salarios privados y públicos suelen quedar por debajo del costo real de vida, la necesidad de “rebuscarla” se volvió una estrategia cotidiana. Docentes, empleados de comercio, administrativos, trabajadores independientes y jóvenes profesionales integran ese universo que suma tareas para completar ingresos.
Los especialistas suelen advertir que cuando la mayoría de la población vive sin margen económico, también cae el consumo interno, se frenan proyectos personales y crece la dependencia de ayuda familiar o estatal.
Mientras tanto, la encuesta deja una señal clara sobre el presente social argentino: trabajar ya no siempre garantiza tranquilidad financiera, y para una porción creciente de la población tener un solo empleo dejó de ser suficiente para llegar a fin de mes.