Un cáliz elaborado hace casi un siglo volverá a ocupar un lugar destacado en una celebración religiosa en Buenos Aires. La pieza, que pasó por las manos de cuatro pontífices en distintas etapas de sus vidas, será utilizada por el papa León XIV durante una misa en el Monumento de los Españoles.
Su historia comenzó en 1934, cuando el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, llegó al país para participar del Congreso Eucarístico Internacional. Desde entonces, el objeto se convirtió en una pieza emblemática de la Iglesia argentina.
El cáliz también fue utilizado por Jorge Bergoglio antes de convertirse en Francisco y por Juan Pablo II durante sus dos visitas al país, en 1982 y 1987.
La obra fue realizada por los reconocidos orfebres José Pallarols y su hijo Carlos Pallarols Cuni. Diseñada con un estilo neobarroco, combina oro y plata con piedras preciosas, entre ellas topacios, lapislázuli y perlas.
Sus detalles incluyen espigas de trigo y racimos de uvas, símbolos vinculados con la Eucaristía. Una de las piedras lleva grabada la palabra latina Pax, que significa paz. Parte de los materiales utilizados fueron donados por familias que quisieron homenajear a Cristo Eucarístico.
La primera gran aparición pública del cáliz ocurrió durante el Congreso Eucarístico de 1934, un acontecimiento religioso que convocó a miles de personas. Pacelli, enviado especial del papa Pío XI, presidió las ceremonias centrales ante una multitud.
Uno de los momentos más recordados fue la comunión de alrededor de 100.000 niños vestidos de blanco, en una celebración que marcó la historia religiosa del país.
Décadas después, la pieza volvió a tener protagonismo con Juan Pablo II. En junio de 1982, el pontífice llegó a la Argentina en plena Guerra de Malvinas, en una visita de apenas 36 horas que tuvo como principal mensaje el llamado a la paz.
Durante su estadía celebró una misa multitudinaria en Luján y participó de una ceremonia de Corpus Christi en Buenos Aires, donde levantó el histórico cáliz.
En abril de 1987 regresó para una extensa visita pastoral de seis días. Recorrió distintas provincias, encabezó celebraciones religiosas y mantuvo encuentros con trabajadores, jóvenes y representantes de distintos sectores sociales.
En aquella oportunidad también visitó Tucumán, Mendoza, Córdoba, Corrientes, Paraná y Salta, entre otros destinos, en una agenda que incluyó numerosas misas y encuentros multitudinarios.
Con el paso de los años, el cáliz continuó formando parte de las celebraciones de Jorge Bergoglio, primero como obispo y cardenal y luego como arzobispo de Buenos Aires.
Ahora, con la llegada de León XIV, la pieza volverá a ocupar un lugar central en una ceremonia que recupera casi 92 años de historia.
Más que un objeto de valor artístico, el cáliz representa un vínculo entre distintas generaciones de la Iglesia católica y algunos de los acontecimientos religiosos más importantes del país. Su próxima utilización sumará un nuevo capítulo a una historia que comenzó en 1934 y que continúa vigente.