El estudio “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA, analizó la situación de más de 1000 jóvenes de los principales centros urbanos del país y expuso un escenario atravesado por la precariedad y la incertidumbre.
La investigación considera dentro del grupo vulnerable a quienes tienen bajos niveles de ingresos, dificultades para cubrir necesidades básicas o problemas vinculados con las condiciones habitacionales. Dentro de ese universo, el acceso al trabajo aparece como uno de los principales desafíos.
Más del 30% de los jóvenes vulnerables no tiene empleo y una parte importante dejó de buscarlo por la falta de expectativas. Para muchos, conseguir un trabajo ya no representa necesariamente una posibilidad de mejorar su calidad de vida, debido a la informalidad, los bajos salarios y la escasez de oportunidades.
Incluso quienes tienen empleo enfrentan dificultades. La mayoría se desempeña en actividades con poca estabilidad, como comercio, construcción, tareas de cuidado o trabajos independientes. Solo una minoría cuenta con empleo registrado, mientras crecen alternativas como las ventas por internet o actividades informales para generar ingresos.
El problema laboral también impacta en los hogares: más de la mitad de los jóvenes relevados asegura que en su familia no logran llegar a fin de mes. La falta de recursos se combina con otras preocupaciones vinculadas a la salud, la educación y las expectativas personales.
En materia educativa, el panorama muestra una fuerte interrupción de las trayectorias escolares. Seis de cada diez jóvenes vulnerables no completaron el secundario o tienen un nivel educativo menor, y solo una cuarta parte continúa estudiando. Sin embargo, la educación sigue siendo vista como una herramienta para mejorar el futuro: una amplia mayoría considera que estudiar puede abrir nuevas oportunidades.
El impacto de la crisis también se refleja en la salud mental. El informe señala que los problemas de ansiedad, nerviosismo, desgano y dificultades para dormir forman parte de la vida cotidiana de muchos jóvenes. Además, una parte reconoce dificultades relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias.
El uso intensivo del celular y las redes sociales aparece como otro factor asociado al malestar. La mayoría de los jóvenes tiene acceso a internet y muchos admiten pasar más tiempo del recomendado con el teléfono, una situación que se vincula con problemas de descanso, concentración y ansiedad.
En el plano social y político, el estudio detectó cambios en las formas de pertenencia y participación. Las iglesias evangélicas tienen una presencia creciente entre los jóvenes vulnerables, especialmente como espacios de acompañamiento comunitario.
También se observó un cambio en las preferencias electorales de este sector. En las elecciones presidenciales de 2023, Javier Milei obtuvo un respaldo significativo entre estos jóvenes, mientras que una parte importante manifestó no identificarse con ningún espacio político.
La inseguridad aparece como la principal preocupación del grupo encuestado. Más del 40% la señaló como el problema más importante de sus barrios, por encima de temas como educación, salud o transporte.
El informe refleja una generación atravesada por múltiples desafíos: la dificultad para acceder a empleos estables, la presión económica y un fuerte malestar emocional. A pesar de ese escenario, la educación y la búsqueda de nuevas oportunidades continúan apareciendo como las principales expectativas para construir un futuro diferente.