La Facultad de Odontología de la UBA decidió salir a la calle con una modalidad de protesta poco habitual pero de alto impacto: brindar atención gratuita masiva mientras reclama por la crisis presupuestaria que atraviesa el sistema universitario. La intervención se desarrolló en Plaza Houssay, donde desde temprano se formaron largas filas de personas en busca de tratamientos odontológicos sin costo.
La iniciativa se enmarca en lo que se conoce como “paro a la japonesa”, una forma de visibilizar conflictos laborales a través de una sobreoferta de servicios. En este caso, lejos de suspender actividades, docentes y estudiantes redoblaron esfuerzos para mostrar, en la práctica, la importancia del sistema público de salud y educación.
El operativo incluyó seis tráileres de alta complejidad, equipados para realizar distintas prácticas en simultáneo. Allí se llevaron adelante desde tratamientos de conducto y extracciones hasta la confección de prótesis dentales en el mismo día gracias al uso de tecnología digital. La escena, inusual para el ámbito universitario, convirtió el espacio público en una especie de hospital odontológico a cielo abierto.
Además de las prestaciones más demandadas, se habilitaron áreas específicas para la atención de personas con discapacidad, con equipamiento adaptado, y espacios de prevención orientados a chicos, donde se realizaron talleres de higiene bucal y se entregaron insumos básicos. Todo el circuito fue organizado con un sistema de admisión y derivación que permitió ordenar la atención según la urgencia de cada caso.
La actividad se desarrolló con una fuerte participación de la comunidad académica, que incluyó tanto a profesionales como a estudiantes en formación. La propuesta buscó no solo dar respuesta a una demanda concreta de atención, sino también exponer el nivel de formación y la capacidad tecnológica con la que cuenta la universidad pública, aun en un contexto adverso.
Detrás de la iniciativa aparece el reclamo por la falta de actualización del presupuesto universitario y el deterioro de los salarios docentes. Desde la facultad advierten que una parte importante del plantel trabaja en condiciones precarias o directamente sin percibir ingresos acordes a su función, lo que pone en riesgo la continuidad de muchas actividades académicas y de extensión.
El planteo también apunta a la necesidad de abrir canales de diálogo con las autoridades nacionales para discutir el financiamiento del sistema. En ese sentido, remarcan que la educación superior y la salud no deberían ser consideradas un gasto, sino una inversión estratégica para el desarrollo del país.
Mientras tanto, la jornada dejó una postal contundente: cientos de personas accediendo a tratamientos que, en muchos casos, serían inaccesibles en el ámbito privado. La combinación de compromiso social, formación académica y tecnología expuso el valor del modelo universitario, al tiempo que reforzó el mensaje del reclamo.
La protesta, lejos de paralizar la actividad, la potenció. Y en ese contraste —entre la excelencia del servicio brindado y las dificultades estructurales que atraviesa el sector— se apoyó el eje central de la medida: mostrar lo que está en juego cuando se discute el futuro del financiamiento universitario en Argentina.