El gendarme argentino Nahuel Gallo rompió el silencio y brindó por primera vez un relato detallado sobre los 448 días que pasó detenido en Venezuela, un período que describió como “uno de los más duros de su vida” y en el que, según confesó, llegó a pensar en quitarse la vida ante las condiciones extremas de encierro y el aislamiento prolongado.
Su testimonio expone con crudeza lo vivido desde su detención en la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela a fines de 2024, cuando fue interceptado por fuerzas de seguridad en un operativo que, según su versión, se dio en medio de una revisión de documentación y controles en el paso internacional. A partir de ese momento, comenzó un proceso de detención que incluyó interrogatorios, traslados y un aislamiento casi total del exterior.
Gallo relató que al momento de ser interceptado no comprendía con claridad qué fuerza lo estaba reteniendo ni bajo qué motivo concreto. Según explicó, los agentes actuaban de civil y no portaban identificaciones visibles, lo que generó confusión en los primeros minutos de la detención. También contó que en ese momento le revisaron pertenencias personales, incluido su teléfono celular, donde encontraron mensajes que derivaron en cuestionamientos directos sobre su identidad y su vínculo con fuerzas de seguridad argentinas.
El punto de quiebre, de acuerdo a su testimonio, ocurrió cuando se confirmó que era integrante de la Gendarmería. A partir de allí, aseguró que el trato cambió de forma inmediata, con esposas en manos y pies, golpes y traslados bajo condiciones de fuerte tensión. Desde ese momento, comenzó un encierro prolongado en el que, según describió, perdió contacto total con su familia y con cualquier tipo de información del exterior.
Durante su detención, Gallo afirmó haber permanecido en condiciones de aislamiento extremo, con contacto humano reducido al mínimo y sin certezas sobre su situación judicial o su futuro inmediato. Ese contexto, sumado a la incertidumbre sobre su familia, generó un fuerte impacto emocional que se fue profundizando con el paso de los meses.
El gendarme también describió episodios de violencia física y psicológica, y sostuvo que los interrogatorios eran frecuentes y acompañados de presión constante. En ese marco, aseguró que los meses más difíciles fueron los primeros, especialmente por la falta de comunicación y la sensación de abandono.
Con el paso del tiempo, la situación no mejoró de manera significativa, según su relato. El encierro prolongado, la rutina carcelaria y la incertidumbre sobre su destino derivaron en un deterioro emocional profundo. Fue en ese contexto que admitió haber atravesado pensamientos extremos. “Pensé en quitarme la vida”, reconoció, al describir el nivel de angustia que llegó a experimentar durante su detención.
Su testimonio vuelve a poner en foco las condiciones de detención en contextos de tensión política y fronteriza en la región, así como el impacto humano de este tipo de situaciones prolongadas. También refleja las consecuencias psicológicas que pueden generar los encierros extendidos, especialmente cuando no hay contacto con el exterior ni información clara sobre el proceso judicial.
Tras recuperar la libertad, Gallo intenta reconstruir su vida junto a su entorno familiar, mientras su caso continúa generando repercusiones por la duración de la detención y las condiciones que denunció haber atravesado durante más de un año en territorio venezolano.