La interna del peronismo bonaerense sumó un nuevo capítulo de tensión tras la presentación de un proyecto legislativo que propone declarar la emergencia sanitaria en la provincia de Buenos Aires. La iniciativa, impulsada por Mario Ishii, reavivó el malestar dentro del oficialismo y abrió una discusión que cruza responsabilidades entre distintos niveles del Estado en un contexto de fuerte presión sobre el sistema de salud.
El texto presentado en la Legislatura advierte sobre un deterioro progresivo de la red sanitaria pública, con hospitales saturados, aumento de la demanda y una creciente derivación de pacientes desde el sistema privado hacia el sector estatal. Según el planteo, esta situación está generando una sobrecarga en hospitales provinciales y municipales, que ya operan al límite de su capacidad.
La iniciativa no solo apunta a la gestión provincial, sino que también incorpora críticas al gobierno nacional por la falta de una política sanitaria integral. En ese marco, se describe un escenario complejo en el que la demanda supera la capacidad operativa de los centros de salud, con dificultades para garantizar insumos, turnos y atención adecuada en distintos niveles de complejidad.
El proyecto generó reacción inmediata en sectores del oficialismo provincial, donde fue interpretado como un gesto político que profundiza las diferencias internas. En el entorno del gobierno bonaerense consideraron que el planteo no era oportuno y que el tono de la iniciativa excedía el marco del debate institucional, en un contexto ya atravesado por tensiones económicas y administrativas.
Desde el área de salud provincial, en tanto, se reconoció la existencia de dificultades estructurales en el sistema, aunque se sostuvo que muchas de las problemáticas señaladas responden a factores más amplios vinculados al funcionamiento general del sistema sanitario en el país. La discusión volvió a poner en el centro el rol del Estado y el nivel de responsabilidad de cada jurisdicción en la crisis del sector.
En los fundamentos del proyecto, Ishii advierte sobre la falta de profesionales en hospitales y centros de atención primaria, y remarca que cada vez más personas dependen exclusivamente del sistema público ante la imposibilidad de sostener coberturas privadas. También describe una situación de guardias colapsadas, demoras en la atención y una demanda creciente que impacta directamente en la calidad del servicio.
La iniciativa incluye además un diagnóstico crítico sobre el funcionamiento de los municipios, que enfrentan dificultades para responder al aumento de la demanda sanitaria con recursos limitados. En ese marco, se plantea la necesidad de medidas urgentes para evitar un colapso mayor del sistema.
Tras la difusión del proyecto y las repercusiones internas, el propio autor defendió su presentación y aseguró que el objetivo es visibilizar una problemática que afecta directamente a la población. Sostuvo que la discusión no debe leerse en términos partidarios, sino como una advertencia sobre la capacidad del sistema para responder a las necesidades actuales.
El episodio vuelve a exponer las diferencias dentro del espacio oficialista, donde conviven miradas divergentes sobre el rumbo de las políticas públicas y el rol del Estado en áreas sensibles como la salud. En paralelo, la situación sanitaria continúa siendo uno de los puntos de mayor presión en la agenda política, con impacto directo en la gestión diaria de hospitales y centros de atención.