En la tarde del viernes, cerca de las 19.20, un grupo de cuatro mujeres convirtió el Super Limpito de barrio Santa Lucía en el escenario de un robo que dejó al comercio con un faltante de casi un millón y medio de pesos. Todo quedó grabado por las cámaras del local, y las imágenes son tan claras que el propio dueño no para de repetir: “Se nota que esto lo hacen seguido”.
Llegaron caminando por la avenida Solís Pizarro desde el oeste. Antes de entrar ya se separaron, como si fueran clientas independientes. Una rubia con remera negra y short de jean, otra morocha de remera verde, una tercera más joven con una nena de la mano y la cuarta con campera azul. Bolsos grandes, bandoleras negras, nada que llamara demasiado la atención a simple vista.
Una vez adentro, el show fue quirúrgico. Se distribuyeron por pasillos distintos y empezaron a cargar. Shampoos L’Oréal Elvive, Pantene, Dove; desodorantes Rexona y Axe; detergente Magistral; tinturas Hadibell; desinfectantes Cif; dentífricos Colgate y Oral-B. Todo de primera marca. “No tocaron arroz, no tocaron fideos, no tocaron aceite. Buscaron lo que más duele cuando lo tenés que reponer”, cuenta Diego Astún, el propietario de 33 años.
Los empleados empezaron a darse cuenta cuando las góndolas se vaciaban a velocidad récord. “En minutos desapareció stock que debería durar todo el día”, relató. Recién entonces revisaron las cámaras y vieron la maniobra completa: cómo abrían los bolsos con tranquilidad, cómo se pasaban los productos, cómo la nena hacía de distracción natural mientras las otras cargaban sin apuro.
A las 20.45 Astún ya tenía el video compilado y listo para la denuncia. La comisaría de La Lonja tomó intervención y la causa quedó en la Fiscalía de la Delegación Penal de San Lorenzo. Pero el comerciante no se quedó esperando sentado: empezó a rastrear las redes y los grupos de venta de barrio porque está convencido de que esa mercadería va a aparecer en ferias informales o en manos de manteros.

“Esto no es un robo cualquiera. Es un trabajo organizado. Tienen cancha, saben cómo moverse, saben qué llevar y cómo salir sin que nadie las pare”, dice Astún. Y agrega algo que duele más: “Estamos corriendo riesgo todos los que ponemos el lomo acá. Con toda la información que dimos, tendrían que encontrarlas fácil”.
El Super Limpito ya había sufrido hurtos menores, pero nunca algo tan profesional. El dueño reconoce que el barrio cambió, que la inseguridad se siente más cerca y que muchos comercios de la zona están en la misma situación: cámaras, pero pocas veces sirven; empleados que no pueden hacer nada por miedo; y una sensación de que “total, roban y nada pasa”.
Por eso Astún decidió hablar públicamente. No solo para que se sepa lo que pasó, sino para que sirva de alerta. “Si alguien ve estos productos en alguna feria o en redes, que avise. El teléfono es 387-4840036. Cuanta más gente esté atenta, más chances hay de que recuperen algo”.
Mientras tanto, en el local de Solís Pizarro al 2950 siguen reponiendo góndolas y mirando de reojo cada vez que entra alguien con bolso grande. El golpe fue limpio, rápido y con total impunidad. Pero las imágenes están ahí, los nombres de las marcas robadas también, y el barrio entero ya sabe que cuatro mujeres se llevaron, en menos de diez minutos, lo que muchos clientes ahorran durante meses.
La pregunta que queda flotando en Santa Lucía es la misma que se repite en muchos comercios de la capital: ¿hasta cuándo vamos a seguir trabajando para que otros se lleven todo sin consecuencias?