Anoche, cuando el corso de Rosario de Lerma estaba en su momento más lindo, con chicos corriendo con serpentinas y familias enteras bailando al costado de la avenida, un auto empezó a avanzar despacito pero con intención clara de meterse entre la multitud. El conductor, según todos los que lo vieron, venía con unas copas de más y parecía no entender que esa calle ya no era para circular.
La gente empezó a gritar y a correr. Muchos pensaron lo peor: que el tipo no iba a frenar. Hubo empujones, madres que agarraron a sus hijos y un clima de pánico que duró apenas segundos, pero que se sintió eterno. El auto seguía avanzando lento, como si el hombre creyera que la fiesta se iba a abrir para dejarlo pasar.
Momento en que detenían al conductor
Ahí apareció la policía de la Comisaría Segunda. Los efectivos se plantaron adelante del vehículo, lo pararon en seco y sacaron al conductor sin darle tiempo a reaccionar. Lo redujeron rápido, sin golpes ni escándalo, pero con la firmeza que hacía falta para que nadie saliera lastimado.
Minutos después llegó el personal de Tránsito Municipal. Le hicieron el test de alcoholemia y el resultado fue positivo, como era de esperar. El hombre quedó demorado y el auto, secuestrado. La fiesta siguió, pero con un susto que todavía muchos comentan en voz baja.
El episodio dejó una lección clara en Rosario de Lerma: el corso es para disfrutar en familia, no para que alguien se crea con derecho a cruzarlo en auto después de haber tomado de más. Por suerte, esta vez terminó en un gran susto y nada más.