En pleno barrio 20 de Junio, uno de los sectores más populosos del norte de la Capital, se vivió un momento de terror durante la tarde del lunes 19 de enero.
Un automóvil perdió el control –o mejor dicho, el conductor lo perdió– y embistió a un adulto que cruzaba la calle junto a una menor. La niña de 5 años terminó con lesiones de distinta gravedad, mientras el auto siguió de largo sin detenerse, dejando atrás el llanto, el desconcierto y el enojo de los vecinos que presenciaron todo. El hecho, captado por cámaras de seguridad del lugar, rápidamente se viralizó en los grupos de WhatsApp del barrio y puso en alerta a la policía.
Los efectivos llegaron al toque a calle Feijó al 600 y comenzaron las primeras averiguaciones. Gracias a las descripciones de testigos y al registro audiovisual, no tardaron en dar con el responsable. Lo detuvieron en las inmediaciones y lo llevaron directo a una comisaría cercana. Ahí, como marca el protocolo en estos casos de siniestros viales con sospecha de manejo imprudente, le hicieron el test de alcoholemia.
El resultado fue positivo, confirmando lo que muchos ya imaginaban: el tipo iba alcoholizado. Eso agravó todo, porque manejar en ese estado ya es delito en sí mismo, y más cuando termina en lesiones a terceros, especialmente a una menor.
El caso pasó rápido a la Justicia. El fiscal penal 4 en feria, Facundo Ruiz de los Llanos, analizó las pruebas recolectadas –el testimonio de los damnificados, el video, el positivo en el control– y no dudó: pidió la detención inmediata del conductor por la gravedad del hecho y el riesgo de fuga o entorpecimiento de la investigación.
El Juzgado de Garantías en turno le dio el ok sin vueltas. Ahora el hombre queda a disposición de la Justicia, imputado por lesiones culposas agravadas por el alcohol y por la fuga del lugar del siniestro, algo que en Salta se toma muy en serio cuando hay peatones involucrados, sobre todo chicos.
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa un problema que no afloja en la ciudad: el manejo bajo los efectos del alcohol. En barrios como 20 de Junio, donde la gente camina mucho, cruza la calle con chicos, va al almacén o espera el colectivo, un conductor ebrio es una bomba de tiempo.
Los vecinos, indignados, piden más controles en horarios pico y mayor presencia policial en las esquinas conflictivas. Mientras tanto, la menor lesionada recibe atención médica y, afortunadamente, su estado no reviste gravedad extrema según los primeros partes.
Pero el susto queda, y la familia, con secuelas emocionales que tardan en borrarse. En Salta, donde los siniestros viales por alcoholemia siguen siendo una de las principales causas de accidentes graves, hechos como este sirven de recordatorio brutal: el volante y una birra no combinan nunca.