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TRAGEDIA

Hallan sin vida a un albañil desaparecido en el río Bermejo

El cuerpo de Ariel Farfán apareció en Paso Karina tras dos días de intensa búsqueda.

Hallan sin vida a un albañil desaparecido en el río Bermejo

La comunidad fronteriza amaneció con una noticia que generó conmoción y tristeza: después de casi dos días de búsqueda ininterrumpida, fue encontrado el cuerpo de Ariel Farfán, un albañil de poco más de 40 años que había desaparecido el jueves por la tarde en las inmediaciones del río Bermejo. Su hallazgo, registrado en Paso Karina durante la madrugada del sábado, volvió a poner en evidencia los riesgos cotidianos que representa este tramo del cauce para quienes viven y trabajan alrededor de la frontera.

El operativo comenzó apenas se supo que Farfán no había regresado a su hogar y que había sido visto por última vez en una zona cercana al río. Desde ese momento, familiares, vecinos y grupos de voluntarios se organizaron espontáneamente y se sumaron a los equipos de rescate que se desplegaron tanto en la ribera argentina como en la boliviana. El Bermejo es un límite natural atravesado a diario por cientos de personas y, aunque forma parte de la vida cotidiana, también es escenario de accidentes cada vez más frecuentes.

Según las primeras pericias, la causa de muerte sería asfixia por inmersión, en un rango horario que va desde las 15.30 a las 16.40 del jueves, casi en simultáneo con el momento en que se reportó su ausencia. La corriente, que en este sector suele volverse particularmente traicionera por los cambios en el fondo del cauce, lo habría arrastrado cerca de tres kilómetros hasta el punto donde finalmente fue encontrado. Voluntarios y allegados que mantenían la búsqueda durante la noche divisaron el cuerpo entre ramas acumuladas a la altura de Paso Karina.

La confirmación generó un fuerte impacto entre los habitantes de la región, no solo por el desenlace trágico, sino porque se suma a una sucesión de hallazgos que viene inquietando a las comunidades de ambos lados del río. Con Farfán, ya son al menos cinco los cuerpos encontrados en poco más de un mes en estas aguas fronterizas. Si bien cada caso tiene sus particularidades, la reiteración marca un patrón preocupante que muchos vecinos vienen advirtiendo desde hace tiempo: una zona compleja, con escasa señalización, recursos limitados y un flujo constante de personas que se exponen sin demasiadas herramientas de prevención.

En el caso puntual de Farfán, las autoridades descartaron la hipótesis de un ataque o de un hecho vinculado al delito, y sostuvieron que todo indica un accidente. Esa línea coincide con lo que plantearon desde un principio los rescatistas que participaron del operativo. Para quienes conocen el río, no es difícil imaginar cómo un paso mal calculado, un desnivel inesperado o un remolino pueden convertirse en situaciones imposibles de revertir en pocos segundos. El Bermejo, especialmente en días de variación en el caudal, puede cambiar de comportamiento sin aviso.

La búsqueda del albañil puso de relieve, una vez más, la forma en que la comunidad enfrenta estas emergencias: con participación directa de familiares, vecinos y trabajadores de la zona ribereña, que conocen cada recodo del cauce y suelen ser los primeros en actuar. La colaboración entre civiles y equipos de rescate fue fundamental para acortar tiempos y concentrar peinadas en áreas clave. Aun así, muchos remarcan que la capacidad de respuesta sigue siendo insuficiente para una frontera con tanto movimiento diario.

A lo largo del operativo se repitió una escena habitual: embarcaciones pequeñas, linternas, sogas improvisadas y vecinos guiando a los grupos que llegaban desde ambas orillas. Ese tipo de despliegue, que muestra la solidaridad de la gente, también revela carencias más profundas. La zona requiere embarcaciones más adecuadas, equipamiento especializado y una planificación conjunta con protocolos claros para evitar demoras.

El cuadro general se complica porque el límite entre países es más simbólico que real para quienes viven allí. El movimiento constante hace que la frontera funcione como una única comunidad extendida, pero la coordinación institucional no siempre acompaña esa dinámica. En parte por eso, accidentes como el de Farfán generan tantos reclamos: existe consenso en que el territorio necesita mayor presencia de organismos capaces de actuar en emergencias sin depender exclusivamente de la voluntad y conocimientos de los vecinos.

La muerte del albañil también reavivó un debate que aparece cada vez que ocurre una tragedia en la zona: hasta qué punto se han naturalizado los riesgos del cruce cotidiano y cómo se puede fortalecer la prevención para evitar nuevos episodios. Para los habitantes de la región, el Bermejo es al mismo tiempo un recurso vital y un desafío permanente. Las condiciones del terreno, los corredores informales, los pasos improvisados y los cambios en el cauce hacen que incluso quienes lo conocen bien estén expuestos.

En las horas posteriores al hallazgo, se multiplicaron en la comunidad las expresiones de acompañamiento a la familia de Farfán. Sus allegados, que se mantuvieron firmes a la par de los rescatistas, destacaron el apoyo de quienes participaron del operativo. En una zona donde la mayoría se conoce desde siempre, cada tragedia deja un impacto profundo y reactiva la necesidad de exigir mejoras estructurales. No se trata solo de reclamar recursos, sino de que cada vida perdida impulse respuestas concretas.

El caso vuelve a poner al Bermejo bajo la lupa, no por su rol natural de frontera, sino porque se ha convertido en un área donde los accidentes se repiten con una frecuencia que genera inquietud. La seguidilla de fallecimientos en pocas semanas muestra que la zona necesita ser atendida de manera integral: desde cartelería preventiva y presencia permanente de equipos hasta campañas dirigidas a quienes cruzan a diario por razones laborales o familiares.

Mientras se aguardan estudios complementarios para cerrar el informe oficial, el clima en la comunidad es de pesar y preocupación. La sensación predominante es que la zona está viviendo un momento delicado y que no se puede permitir que cada hallazgo se convierta en una mera estadística. La muerte de Ariel Farfán, un trabajador muy querido, dejó al descubierto una problemática que trasciende lo individual y que exige medidas sostenidas.

Lo ocurrido no solo marca el final de una búsqueda dolorosa, sino también el inicio de un nuevo llamado de atención sobre una frontera donde la vida diaria convive de manera permanente con el riesgo. El Bermejo seguirá siendo parte esencial del ritmo de la región, pero la prevención y la presencia institucional deberán reforzarse si se busca evitar que tragedias como esta se repitan. La comunidad lo sabe, lo reclama y lo necesita con urgencia.


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