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SALTA

No duró ni una semana: la estupidez de algunos dejó sin aros a los chicos de la Plaza Evita

Malvivientes rompieron los aros del renovado predio deportivo. Los vecinos exigen respeto por una obra que costó esfuerzo y dinero de todos.

No duró ni una semana: la estupidez de algunos dejó sin aros a los chicos de la Plaza Evita

La Plaza Evita, ese espacio verde que tantos salteños esperaban con ansias, no alcanzó a estrenarse del todo. Apenas unos días después de la inauguración, la cancha de básquet amaneció destrozada. Los aros no resistieron el embate de quienes, lejos de usar el lugar para jugar, prefirieron romperlo.

Uno de los tableros quedó sin aro y el otro muestra roturas imposibles de disimular. No fue un accidente ni un descuido menor: fue un acto deliberado de quienes no entienden que lo público también es de ellos. La bronca entre los vecinos no se hizo esperar. Muchos habían celebrado la moderna infraestructura y la potente iluminación que le devolvió vida al barrio, y ahora se encuentran con este golpe bajo.

Pero el problema no se limita a los destrozos de un fin de semana. Quienes viven cerca del predio denuncian que las noches se transforman en un descontrol permanente. Ruidos, gritos y pelotas hasta la una o las dos de la madrugada son moneda corriente. Y como si faltara poco, hay conductores que suben las motos al césped y las dejan estacionadas ahí, pisoteando el pasto que tanto costó poner a punto.

La Municipalidad de Salta ya reacondicionó el lugar, pero la pregunta que queda flotando es cuánto tiempo durará esta vez. Las obras públicas se financian con el esfuerzo de todos los contribuyentes. Cuidarlas, en cambio, depende de algo más básico: educación y un mínimo de respeto. Y eso, lamentablemente, a algunos les sobra en la boca y les falta en los hechos.

Los vecinos destacan lo lindo que quedó el espacio y valoran especialmente la iluminación. Nadie discute que el predio es un avance importante para el barrio. El reclamo es otro: que no se convierta en tierra de nadie apenas cae la noche. Porque cada vez que alguien rompe un aro, raya un banco o destroza el césped, no solo daña una plaza. Daña la confianza de quienes esperaban un lugar para que los chicos jueguen y las familias se reúnan.

En Salta, como en tantas ciudades del país, la inauguración de un espacio público suele ser motivo de orgullo. Pero ese orgullo se esfuma cuando aparecen los mismos de siempre, los que destruyen por diversión o por simple desprecio. Mientras no haya una cultura de cuidado, cada obra nueva corre el riesgo de terminar igual: hecha con ilusión y arruinada por unos pocos.

La Plaza Evita merece algo mejor. Merece que la usen, la disfruten y la cuiden. Porque si cada mejora termina en destrozos, el mensaje que queda es claro: a algunos les importa más romper que construir. Y eso, en una ciudad que necesita espacios de encuentro, duele mucho más que un aro roto.

 


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