El 7 de enero, en plena siesta de verano en el barrio 200 Años de San Ramón de la Nueva Orán, tres hermanitas de 6, 8 y 10 años tomaban tereré en el patio de la casa de su amiga de 11.
Todo parecía una tarde más de vacaciones hasta que un vecino de 58 años se acercó con cara de buena gente. Primero les ofreció plata para que compraran hielo y después les dijo que les prestaba la bicicleta. Las pibas le dijeron que no, pero el tipo no se dio por vencido.
Volvió a la carga cuando las nenas salieron a la vereda. Las esperó en la puerta de su casa y les propuso directamente plata a cambio de que entraran a su pieza y “se dejaran tocar”. Ahí se terminó la paciencia: las cuatro empezaron a gritar, le tiraron piedras y salieron corriendo para sus casas. En minutos las mamás ya estaban al tanto y llamaron al 911.
La denuncia activó todo el circuito judicial del norte salteño. El fiscal pidió medidas urgentes y el juez Gustavo Ramiro Morizzio, en una audiencia flexible, escuchó a las partes, rechazó el pedido de excarcelación de la defensa y dictó prisión preventiva. El hombre ya está alojado en la Unidad Carcelaria de Orán, imputado por corrupción de menores calificada en grado de tentativa.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa lo que muchas familias del interior saben de memoria: la mejor prevención es que los pibes sepan que pueden contar lo que les pasa. Acá cuatro nenas muy chicas tuvieron la lucidez de decir que no, de defenderse entre ellas y de hablar con sus madres apenas pudieron. Esa cadena de valentía evitó que el hecho pasara a mayores.
En barrios como el 200 Años, donde todos se conocen y los chicos juegan en la calle hasta tarde, episodios como este sirven de alerta. La Justicia actuó con celeridad, pero el verdadero triunfo lo marcaron cuatro niñas que no se dejaron comprar ni callar.