En La Libertad Avanza salteña las aguas no están quietas. Alfredo Olmedo, productor sojero y referente histórico del espacio en la provincia, salió a marcar territorio con declaraciones contundentes que dejaron en claro su visión sobre el armado local.
Se autodefinió como “el constructor” del libertarismo en Salta y aseguró que Karina Milei lo respeta precisamente por los resultados que cosechó: “le di cinco triunfos” en la provincia. Al mismo tiempo, reconoció a la senadora Emilia Orozco –surgida de su propio cuño– como “la conductora” y “líder natural” del espacio, basándose en las mediciones que maneja.
La postura de Olmedo no es menor. En un contexto nacional donde La Libertad Avanza busca consolidar estructuras provinciales después de la victoria presidencial de Javier Milei, lo que ocurre en Salta se sigue con atención. La provincia del norte argentino tiene un peso particular por su historia política y por el caudal de votos que puede aportar. Olmedo, con años de militancia y de construcción territorial, se presenta como quien puso los cimientos. No habla de cargos formales ni de organigramas cerrados, sino de un capital político que, según él, se tradujo en triunfos concretos. Ese capital es el que, a su entender, le otorga legitimidad frente a la máxima conducción nacional del espacio.
Emilia Orozco aparece en el relato de Olmedo como la cara visible y la líder que las encuestas validan. La senadora, que proviene del mismo tronco político, concentra hoy buena parte de la proyección pública del libertarismo salteño. Olmedo no la confronta; al contrario, la señala como la persona que naturalmente debe conducir. La fórmula que dibuja es clara: él como constructor de base y ella como conductora actual. Una división de roles que, en apariencia, busca ordenar el espacio y evitar choques abiertos.
Sin embargo, esa imagen de complementariedad choca con una realidad cada vez más evidente. Dentro de La Libertad Avanza salteña crecen las voces disidentes respecto de la dupla Olmedo-Orozco. No se trata de un fenómeno aislado ni de un par de descontentos. Son señales que se multiplican y que se volvieron más ruidosas después de la visita de la ministra Sandra Pettovello a la provincia. La presencia de una figura de peso del gobierno nacional suele funcionar como termómetro. En este caso, parece haber actuado como catalizador de molestias que ya existían pero que hasta entonces se manejaban con mayor discreción.
Las internas no son novedad en la política argentina, y menos en una fuerza que pasó en poco tiempo de ser un espacio emergente a administrar el poder nacional. El viejo dicho popular resume bien el clima: “Yo no creo en las internas, pero que las hay, las hay…”. En Salta, esas internas se expresan en silencios incómodos, en corrillos que se alargan y en cuestionamientos que empiezan a trascender el ámbito estrictamente partidario. Algunos militantes y dirigentes locales sienten que el armado actual no refleja del todo la diversidad de voluntades que acompañaron el crecimiento del espacio. Otros reclaman mayor apertura y menos concentración de decisiones en un núcleo reducido.
Olmedo, por su parte, eligió el camino de la afirmación pública. Al plantarse como constructor y al respaldar a Orozco como líder natural, intenta fijar un relato. Ese relato tiene un destinatario claro: tanto la militancia local como la conducción nacional que representa Karina Milei. El mensaje implícito es que los resultados hablan por sí solos y que el respeto se gana con triunfos, no con declaraciones. En un movimiento que hace de la eficacia un valor central, esa argumentación tiene peso. Cinco victorias en Salta no son un dato menor, y Olmedo lo sabe.
La situación, de todos modos, no se agota en una pelea de egos ni en una simple disputa por el control del aparato. Hay en juego la proyección electoral futura, la capacidad de sostener el apoyo popular y la construcción de una estructura que sobreviva más allá de las coyunturas. La Libertad Avanza en Salta necesita mostrar cohesión si quiere capitalizar el capital político que generó el fenómeno Milei. Las fisuras, cuando se hacen públicas, erosionan esa cohesión y dan argumentos a la oposición tradicional, siempre atenta a cualquier signo de debilidad
.La visita de Pettovello agregó una capa de complejidad. La ministra de Capital Humano llegó a la provincia en un momento sensible y su paso no pasó inadvertido. Más allá de la agenda oficial, su presencia generó lecturas cruzadas. Para algunos, fue una muestra de acompañamiento del gobierno nacional. Para otros, una oportunidad para canalizar reclamos y mostrar descontento. En política, las visitas de funcionarios nacionales rara vez son neutras: siempre producen efectos y siempre dejan un tendal de interpretaciones.
Hoy el panorama libertario salteño combina reconocimiento público de roles con molestias internas que no terminan de acomodarse. Olmedo se muestra firme en su posición y evita cualquier gesto que pueda interpretarse como debilidad. Orozco, por su parte, sigue ocupando el lugar de conductora que las mediciones le asignan, al menos según el diagnóstico de quien fue su mentor político. Entre ambos intentan sostener una narrativa de unidad, mientras las voces disidentes siguen amplificándose.
Lo que ocurra en las próximas semanas será clave. Las fuerzas políticas se miden no solo por los discursos, sino por la capacidad de ordenar las diferencias sin que estas se transformen en fracturas visibles. En Salta, La Libertad Avanza enfrenta ese desafío con la particularidad de tener un referente que reclama el título de constructor y una senadora que aparece como líder natural. El equilibrio entre ambos y la forma en que se gestionen las disidencias definirán, en buena medida, el futuro del espacio en la provincia.
Mientras tanto, el productor sojero sigue marcando la cancha. Su mensaje es directo: construyó, entregó resultados y por eso se siente legitimado. En un movimiento que valora la acción por sobre la retórica, esa afirmación tiene fuerza. Resta ver si alcanza para ordenar las internas o si, como tantas veces ocurre en la política argentina, las diferencias terminan imponiendo su propio ritmo. En La Libertad Avanza salteña, Olmedo se plantó. Ahora el juego sigue abierto.