En medio de un nuevo capítulo judicial que vuelve a poner a Aníbal Lotocki en el centro de la escena pública, su esposa, Majó Favarón, sorprendió con declaraciones que rápidamente captaron la atención mediática. Mientras la Justicia avanza con nuevas pericias vinculadas a la muerte de Silvina Luna, la mujer del cirujano habló sin rodeos sobre la vida cotidiana de su marido en prisión y, especialmente, sobre la forma en que mantienen la intimidad pese al encierro.
Favarón fue entrevistada en un mano a mano televisivo en el que, además de responder a cuestionamientos legales y mediáticos, relató detalles poco habituales sobre las llamadas visitas íntimas o “higiénicas”. Lejos de esquivar el tema, dio precisiones sobre los obstáculos que enfrenta cada vez que intenta reencontrarse con su esposo y el particular ritual que adoptó para sortear uno de los principales problemas: el clima.
Según explicó, en el penal donde Lotocki cumple detención, las visitas íntimas pueden suspenderse si llueve, ya que ciertos sectores del establecimiento se inundan. Esa situación, que para muchos internos y sus parejas es una contingencia más, se convirtió para ella en un verdadero desafío emocional tras meses de espera.
Con ese contexto, Favarón reveló que recurre a una práctica que denomina “la cruz de la sal”. El ritual consiste en trazar una cruz con sal gruesa en el suelo y clavar un cuchillo en el centro, con la intención de “asegurar” buen tiempo el día de la visita. La explicación, brindada con total naturalidad, generó sorpresa incluso en el estudio.
La mujer relató que decidió implementar este método luego de una experiencia frustrante. Recordó que la primera vez que planificó una visita íntima se preparó durante horas, salió de madrugada y viajó más de tres horas con grandes expectativas. Sin embargo, una intensa tormenta obligó a suspender el encuentro. “Fue el día que más llovió, todo estaba inundado”, recordó, aún con tono de desazón.
Ese episodio marcó un antes y un después. Tras volver a su casa sin haber podido ver a su marido, buscó consejo en amigas cercanas, quienes le sugirieron recurrir a ese ritual para “alejar la lluvia”. Desde entonces, asegura que lo repite cada vez que se acerca una fecha clave para el reencuentro.
Más allá de lo anecdótico, el testimonio expuso las limitaciones y la logística que rodean a las visitas íntimas en contextos de encierro. Favarón describió la preparación previa, la ansiedad y las restricciones que atraviesan las parejas de personas privadas de la libertad, un aspecto poco visible del sistema penitenciario.
En paralelo, sus declaraciones se dieron en un momento de fuerte tensión pública alrededor de la figura de Lotocki. La reciente decisión judicial de ordenar nuevas pericias reavivó el debate sobre las intervenciones médicas que realizó el cirujano y las consecuencias que denunciaron varias pacientes a lo largo de los años. En ese marco, Favarón también salió a responder críticas y acusaciones, defendiendo a su esposo y cuestionando a algunos de sus detractores.
Sin embargo, fueron los detalles íntimos los que rápidamente se viralizaron. La combinación de cárcel, rituales y sexo convirtió su relato en uno de los temas más comentados del día, desplazando por momentos el eje estrictamente judicial.
Lejos de mostrarse incómoda, la esposa de Lotocki sostuvo su postura con firmeza y dejó en claro que, pese al contexto adverso, busca sostener el vínculo de pareja. Para ella, el ritual no es solo una creencia sino una forma de aferrarse a un espacio de intimidad que, en sus palabras, resulta vital.
Así, entre causas judiciales, polémicas mediáticas y confesiones inesperadas, la figura de Majó Favarón volvió a quedar bajo los reflectores. Esta vez, no por una novedad legal, sino por un relato que expuso, sin filtros, cómo se vive la intimidad cuando el amor también atraviesa los muros de una prisión.