En un invierno que parecía más verano que otra cosa, General Güemes volvió a vestirse de fiesta y fe. Miles de personas coparon las calles del centro para acompañar, como cada año, la imagen de Santa Rosa de Lima, en una de las manifestaciones religiosas más convocantes del calendario litúrgico salteño.
Desde temprano, familias enteras se acercaron a la Parroquia Central, donde a las 9:30 comenzó la misa principal de la jornada, presidida por el arzobispo Mario Antonio Cargnello. El calor no espantó a nadie: sombrillas, termos y pañuelos al cuello fueron parte del paisaje mientras la multitud escuchaba atenta las palabras del religioso, que apuntaron al corazón de los vínculos humanos, especialmente en el seno de las familias.
El mensaje no pasó desapercibido. Cargnello remarcó la necesidad de volver al respeto y a los buenos tratos como base de la convivencia diaria. Alertó sobre el lenguaje agresivo que se fue colando en las casas, muchas veces influenciado por modelos negativos que se replican en los medios y en el discurso político. En este contexto, subrayó que la paz familiar debe construirse desde el amor y no desde la violencia verbal, algo que conmovió a más de un asistente.
Entre los fieles que participaron de la misa, se encontraban el intendente Carlos Rosso y una comitiva que incluyó legisladores nacionales y provinciales, concejales y representantes de municipios vecinos. La presencia de las autoridades no opacó el protagonismo del pueblo, que fue el verdadero motor de la jornada: niños, jóvenes, adultos mayores y agrupaciones tradicionales se unieron en una sola voz de oración y celebración.
Tras la ceremonia religiosa, la imagen de Santa Rosa salió en procesión, escoltada por miles de devotos que la siguieron con cánticos, rezos y pañuelos al viento. La figura de la santa avanzó lentamente por las calles principales del casco céntrico, adornadas para la ocasión con banderines celestes y blancos, mientras los vecinos saludaban desde las veredas o acompañaban caminando.
No faltaron los tradicionales grupos de gauchos, que al cierre del desfile brindaron un homenaje especial a la patrona. Con sus ponchos al hombro y sus caballos enfilados, desfilaron frente a la iglesia en una muestra de respeto y tradición profundamente arraigada en la cultura del norte argentino. Como cada año, su participación fue uno de los momentos más esperados y aplaudidos.
El regreso de la imagen a la parroquia marcó el cierre de una jornada intensa y emotiva, que dejó en claro que la devoción por Santa Rosa de Lima sigue más viva que nunca en General Güemes. Más allá de los actos protocolares y las presencias políticas, fue el fervor popular el que se impuso, reflejando una identidad colectiva que encuentra en la fe un punto de unión y fortaleza.
La celebración no se limitó solo a la procesión. Durante toda la semana previa, la comunidad participó de distintas actividades litúrgicas y culturales, que incluyeron novenas, encuentros con jóvenes, y ferias artesanales en la plaza central. Estos eventos, organizados en conjunto entre la parroquia y el municipio, buscan mantener viva la tradición y reforzar el sentido de pertenencia que gira en torno a la figura de Santa Rosa.
Para muchos vecinos, la festividad es también un momento de encuentro y reencuentro. Familiares que viven lejos regresan para la ocasión, y la ciudad se transforma en un punto de encuentro que supera lo meramente religioso. La fiesta patronal, como sucede en tantas localidades del interior salteño, combina lo espiritual con lo social y cultural, generando una experiencia colectiva que se transmite de generación en generación.
En un contexto nacional complejo, atravesado por la crisis económica y las tensiones sociales, este tipo de celebraciones cobran una relevancia aún mayor. No solo permiten reconectar con valores espirituales y comunitarios, sino que también funcionan como espacios de contención y esperanza para quienes buscan alivio en la fe.
General Güemes, ubicada a unos 50 kilómetros de la capital salteña, tiene una larga tradición de devoción a Santa Rosa de Lima, considerada protectora y guía espiritual del pueblo. Su imagen, venerada por generaciones, es también un símbolo de identidad local, que convoca no solo a los creyentes, sino también a quienes ven en ella una fuente de arraigo cultural.
A medida que el día fue bajando su intensidad y el sol empezó a ceder, los vecinos regresaron a sus casas con el corazón lleno. Algunos se llevaron una estampa bendecida, otros simplemente el recuerdo de una jornada que reafirmó, una vez más, la fuerza de las tradiciones populares en Salta.