La frontera norte amaneció complicada este lunes. La crecida del río obligó a suspender el cruce por chalana hacia Aguas Blancas y la medida tuvo un impacto inmediato: todo el flujo de personas fue derivado al paso internacional habilitado, que rápidamente quedó desbordado.
Desde las primeras horas de la mañana se registraron filas largas, avances intermitentes y una espera que se volvió extenuante. Quienes necesitan cruzar por trabajo, compras o trámites se encontraron con un panorama repetido: colas que avanzan lentamente, se frenan sin explicación y una sensación general de cansancio.
El cierre del paso alternativo, que en días normales alivia la circulación entre ambas orillas, generó un verdadero cuello de botella. Con las chalanas fuera de servicio por razones de seguridad, el cruce legal quedó como única opción y no dio abasto ante la cantidad de personas que intentaron pasar.
Durante la mañana, el malestar fue en aumento. La falta de información clara sobre los tiempos de espera y sobre una posible reapertura del cruce fluvial profundizó la incertidumbre entre los usuarios habituales de la frontera, que ya están acostumbrados a lidiar con demoras, pero no con una saturación tan marcada desde tan temprano.
Por el momento, no hay un horario confirmado para la normalización del paso por chalana. La habilitación dependerá de cómo evolucione el caudal del río en las próximas horas, mientras el cruce internacional sigue operando al límite de su capacidad y la frontera vuelve a mostrar una postal conocida: filas, paciencia agotada y un tránsito que avanza mucho más lento de lo esperado.