En La Odisea, de Homero, el caballo de Troya fue utilizado como una ofrenda, un regalo. Dentro llevaba los soldados que harían caer esa invulnerable ciudad. Algo similar estaría sucediendo en Salta, un partido político, un ministro y varías caras conocidas del romerismo han dejado, como quien no quiere la cosa, un regalito a las puertas del Grand Bourg con la esperanza de que nadie se de cuenta.
El presidente de Aguas del Norte y ministro de Gobierno, Ignacio “Nacho” Jarsún, no termina de cerrar el círculo: armó (o dejó que le armaran) un partido propio, coquetea con coptar dirigentes y, mientras jura con la derecha que no hay Plan B para Gustavo Sáenz, trabaja por la izquierda el escenario en el que el gobernador no sea candidato y él aparezca como el oficialista de recambio.
Su Plan B, por si las dudas, es ir por la intendencia capitalina contra Emiliano Durand, todo esto bajo las influjos hipnóticos de la vieja maquinaria romerista, con oficina colindante a la del propio Jarsún. Un descuido (guiño guiño) de algún funcionario provincial que pasó por alto disputas anteriores con el viejo CCM.
Además, dentro del espacio, la influencer Cande Correa ya se prueba el traje de candidata a diputada como quien se mide un vestido de fiesta en el probador del shopping, festejan las hormigas del Huayco.
El muchacho de Rosario de Lerma, exrugbier, exintendente del pueblo, exdiputado y ahora hombre fuerte del agua y del gabinete, se mueve con la soltura de quien cree que el territorio se conquista con videos de pozos nuevos y abrazos con intendentes. Pero cuando le preguntan por qué fundó o impulsó una estructura partidaria nueva —Juntos por Salta aparece en los boletines oficiales con firmas de gente de su círculo viejo de Todos por Salta—, se queda en el “nunca dije eso”. La misma frase que usó hace horas para desmentir que quiera la intendencia. “Con Emiliano trabajo muy bien, tenemos simbiosis”, dijo. Simbiosis de las que terminan en internas cuando se acerca el calendario.
El escenario que se le escapa por las comisuras es claro: Sáenz va por la reelección (solo queda conocer la determinación de la Justicia al respecto), pero si la Corte no acompaña la interpretación oficialista, el ungido tiene que ser alguien del riñón, suponen desde el romerismo.
Jarsún se postula en silencio para ese papel. Mientras tanto, en las redes y en los actos de pozos y oficinas de Aguas del Norte, multiplica la exposición. El agua es el pretexto perfecto: obras que “quedan bajo tierra” pero que él muestra en Instagram como si fueran su propia campaña. El problema es que el servicio sigue fallando en lugares como Misión La Paz, donde prometieron un pozo hace casi un año y todavía esperan, o en las tragedias de operarios que murieron en cámaras cloacales. El presidente de la empresa habla de “familia” y de esclarecer, pero la canilla sigue seca en demasiados barrios cuando llega el verano.
Jarsún pillín...
Pero el Plan B es el más crudo. En capital, Durand ya dijo que va por la reelección en la municipalidad, llevando tranquilidad a los planes provinciales. Y, aunque Nacho Jarsún dice que no, que nunca lo pensó ni en privado, el armado de un partido con apoderados y firmantes de su antigua estructura, más la reaparición de caras del romerismo residual (los que quedaron huérfanos cuando Bettina Romero no pudo reelegir y el clan perdió peso nacional), no es casualidad.
Desempolvar la maquinaria vieja significa recuperar punteros, intendentes del interior que alguna vez orbitaron cerca de los Romero, y un discurso de “gestión” que en la práctica se parece mucho al que ya conocemos: promesas de federalismo, fotos en Las Lajitas o Chicoana, y la idea de que el agua y el Ministerio de Gobierno alcanzan para construir poder propio.
El romerismo no se fue; se disfrazó de oficialista y espera con ilusión. No vayas a ser cosa que La Corte se interponga entre Sáenz y su voluntad de reelegir.
Arma mortal (ponele)
Dentro de ese Frankestein Jarsún/romerista, Cande Correa es el ejemplo más elocuente de la falta de renovación. La exconcejal influencer, profesora de fitness y de las que llenan historias de Instagram, ya se mide el cargo de diputada. Llegó en 2019 de la mano de Todos por Salta de Jarsún, sacó votos con la cara y el cuerpo, presentó decenas de proyectos basura que el Concejo no le aprobó, y ahora vuelve al ruedo como candidata de traje: "por primera vez en mi vida, puede terminar de leer un libro", aseguró.
Es el mismo molde repetido hasta el cansancio: outsider mediático que se convierte en pieza de armado. No hay programa profundo; hay seguidores y la esperanza de que el algoritmo haga el resto. En un espacio que se vende como “todos por Salta”, el resultado es el de siempre: los de siempre, más una influencer que se prueba el traje.
¿Apoyo a Gustavo o a Juan Carlos?
Jarsún insiste en que “no tenemos Plan B” y que quieren que Gustavo sea de nuevo gobernador. Al mismo tiempo, deja la puerta entreabierta (“me gustaría volver a participar en algún momento”) y niega con vehemencia lo que sus movimientos dicen.
Es la política salteña de manual: desmienten en la radio de la mañana y a la tarde se reúnen con el que les está armando el partido.
Los Salteños, que ya vieron pasar de todo, no comen vidrio ni compran macetas. El agua no sale en muchos barrios, los trabajadores se mueren en las cloacas, y el ministro del agua se dedica a construir su propio futuro político. La esperanza romerista de recambio no es nueva: es la misma maquinaria con otra cara, otra empresa estatal y otra influencer de turno.
Mientras tanto, los salteños siguen esperando que el agua llegue a la canilla y que la política deje de ser un desfile de planes A, B y C donde nadie explica por qué armó el partido. Nacho Jarsún tiene la respuesta en el bolsillo; solo que no la quiere decir en voz alta. Todavía.