Los Valles Calchaquíes viven un momento de intensa actividad sísmica que no pasa desapercibido. En apenas dos meses se contabilizaron cerca de 200 movimientos, una cifra que llama la atención si se mira el historial: en los ocho años previos la misma zona había sumado unos 750 eventos. La mayoría de estos temblores se concentra en el entorno de influencia del volcán Galán, esa enorme estructura que se asienta en Catamarca pero cuya extensión llega hasta el límite con Salta.
Para entender qué está ocurriendo y qué implica para la gente que vive en la región, Agenda Salta dialogó con el ingeniero civil Franco Mérida. El profesional es claro desde el primer momento: “Hay una paranoia tras los fuertes sismos de Colombia y Venezuela que sacudieron bastante, y con estos 200 sismos que estamos teniendo en corto plazo, tenemos el miedo de parte de la gente que ve sismos y tiembla. Yo creo que no hay que tener miedo sino prevención, de cómo estamos construyendo, de cómo estamos viviendo y sobre todo que la gente sepa cómo actuar”.
Mérida plantea tres posibles explicaciones para este enjambre de movimientos. La primera es la actividad tectónica propia de una zona sometida a enormes esfuerzos por el choque de placas. La segunda apunta a procesos vinculados con el sistema volcánico del Galán. Y la tercera, más compleja, contempla que ambos mecanismos estén interactuando al mismo tiempo.
Explica que los sismos se clasifican por magnitud e intensidad
La magnitud se expresa con un número: si el movimiento ocurre a mucha profundidad puede sentirse leve, pero cuando es superficial se nota mucho más. Se utilizan dos escalas: la Richter, que mide la magnitud, y la Mercalli, que evalúa el daño que genera en superficie. El movimiento de un sismo puede ser horizontal o vertical. La razón de fondo es el empuje entre las placas de Nazca y Sudamericana: cuando una “pecha” contra la otra se genera una especie de montura que termina liberando energía en forma de temblores.
Ante la pregunta de cómo está preparada la ciudad de Salta para un sismo de gran magnitud, el ingeniero es directo. Señala que actualmente se observan acciones importantes del COPAIPA con videos preventivos que a veces generan más alarma que tranquilidad, porque la gente asocia esos materiales con que “está pasando algo”. Sin embargo, insiste en que los profesionales del sector están formados para esto.
Salta se encuentra en zona de actividad sísmica 3 y las estructuras se calculan bajo un criterio claro: no necesariamente para que queden perfectamente de pie, sino para que den tiempo de salir. “Cuando diseñamos lo hacemos por reglamento, que dice diseñar estructuras que se muevan al compás del sismo y puedan soportar deformaciones, que algunas sean fusibles que se rompan para que no colapsen las estructuras”, detalla.
El auge minero en Salta también aparece en el horizonte
¿Se puede descartar por completo la influencia de la actividad minera o de la extracción de fluidos en esta sismicidad? Mérida responde con cautela: “No se puede descartar porque se trata de terrenos vírgenes y ahora empezamos a producir movimientos de extracciones, yo no lo descartaría, pero tampoco lo afirmo. Para eso están los estudios y las empresas”.
El aumento de la actividad está comprobado. Determinar su origen exacto, en cambio, exige más información. Por eso se evalúa la instalación de una red temporal de estaciones sísmicas alrededor del Galán, un trabajo conjunto que involucraría a distintos organismos técnicos y grupos de investigación. Hoy una de las fuentes clave de datos es la estación de monitoreo de San Antonio de los Cobres. La magnitud del fenómeno justifica profundizar el seguimiento.
El volcán Galán ocupa un lugar central en este análisis
Se trata de una gigantesca caldera formada hace poco más de dos millones de años tras una erupción de dimensiones enormes. En su interior se desarrolló después un domo resurgente y el sistema todavía conserva manifestaciones termales y una estructura magmática compleja en profundidad. De los 750 sismos registrados en ocho años en esa zona, casi un tercio se concentró en apenas dos meses. La actividad aparece en distintos puntos de los Valles Calchaquíes: Tacuil, Pucará, Colomé, Molinos y sectores al oeste de Cafayate.

Ese incremento no alcanza por sí solo para afirmar que exista una amenaza volcánica inmediata. Sí constituye una señal que merece ser estudiada con mayor detalle. El próximo paso es obtener más datos sobre la profundidad y la distribución de los eventos para determinar si responden a las fallas tectónicas regionales o si hay una interacción con el sistema magmático del Galán.

E
¿Hay peligro de erupción?
La sismicidad de los últimos tiempos pone el foco sobre esta compleja relación. Los eventos deben analizarse según su profundidad y ubicación. Los sismos profundos, cercanos a los 180 kilómetros, se vinculan con la subducción de la placa de Nazca. Los más someros, alrededor de los 12 kilómetros, pueden originarse en el movimiento de fallas locales. Para los Valles Calchaquíes esta diferencia es clave: un temblor superficial puede generar efectos importantes aunque su epicentro esté lejos de los principales centros volcánicos.
Relacionar automáticamente la actividad sísmica con el Galán puede llevar a conclusiones equivocadas. Lo que sí muestra el sistema de este volcán es que la Puna Austral es un territorio donde el magmatismo, la circulación hidrotermal, la deformación tectónica y la sismicidad conviven dentro de una misma arquitectura geológica. El Galán forma parte de ese sistema y sus estructuras profundas pueden facilitar el movimiento de fluidos y calor, pero la generación de los terremotos responde a mecanismos que deben evaluarse caso por caso.
Existen antecedentes de aumentos espontáneos de sismicidad cerca de edificios volcánicos que desaparecieron en pocas semanas sin dejar efectos visibles en superficie. Por eso se destaca la importancia del monitoreo permanente. Esta realidad obliga a profundizar el conocimiento sobre las fallas activas y a mejorar la evaluación del riesgo sísmico tanto en Catamarca como en los Valles Calchaquíes.
El Galán es, en definitiva, la expresión superficial de un sistema profundo que todavía conserva energía térmica y moviliza fluidos, dentro de una región donde las fuerzas tectónicas siguen modificando el territorio. Comprender esa interacción resulta fundamental para anticipar escenarios sísmicos en uno de los ambientes geológicos más particulares de los Andes. Mientras tanto, el mensaje del ingeniero Mérida queda claro: prevención, conocimiento de las construcciones y saber cómo actuar ante un temblor. En una zona de alta sismicidad como Salta, esa es la mejor herramienta.