El ambiente de la Fórmula 1 vivió un nuevo sacudón este fin de semana, y no fue solo por la velocidad en pista. Las declaraciones cruzadas, los cambios de discurso y la presión sobre los pilotos jóvenes marcaron una jornada cargada de tensión en el Gran Premio de los Países Bajos. El protagonista, esta vez, fue Flavio Briatore, asesor ejecutivo del equipo Alpine, quien pasó de criticar duramente a Franco Colapinto a reconocer su esfuerzo y compromiso.
El piloto argentino, que viene afrontando su primer año completo en la F1, fue blanco de una serie de comentarios cuestionadores por parte del histórico dirigente italiano. Sin embargo, tras una actuación sólida en los entrenamientos y una clasificación aceptable en Zandvoort, Briatore sorprendió al modificar el tono y ofrecer una visión más comprensiva y positiva del desempeño de Colapinto.
La clasificación dejó a los dos autos de Alpine fuera de la Q3, con Colapinto largando desde el puesto 16 y su compañero Pierre Gasly desde el 14. A pesar de que el objetivo era meterse entre los diez primeros, desde el equipo destacaron ciertos avances en la puesta a punto del monoplaza y subrayaron el trabajo conjunto entre pilotos e ingenieros.
“Retrocedimos un poco durante los entrenamientos para probar algunas variantes, pero volvimos a la configuración que ya conocíamos. Eso nos dio más confianza”, reconoció Briatore. El cambio de actitud fue notorio, especialmente considerando sus palabras del día anterior, cuando había cuestionado la preparación del argentino para competir al más alto nivel.
La figura de Franco Colapinto ha generado enorme expectativa en el automovilismo argentino, con miles de fanáticos que siguen de cerca cada una de sus carreras. Con apenas 22 años, el piloto nacido en Pilar carga con el peso de representar al país en una de las categorías más exigentes del mundo. No es poca cosa, y menos cuando las decisiones de un equipo, los resultados y hasta el humor de los directivos pueden afectar su proyección.
Briatore, un nombre que no pasa desapercibido en el paddock, se mostró crítico el viernes, incluso planteando si Colapinto había llegado “demasiado pronto” a la F1. En sus declaraciones mencionó que quizás el argentino necesitaba uno o dos años más de formación antes de asumir semejante desafío. “Estos autos son muy rápidos y pesados. No es fácil adaptarse de entrada”, había dicho en conferencia.
Sin embargo, tras la clasificación del sábado, el empresario italiano cambió su discurso. Destacó la entrega de Colapinto y habló de la “paridad histórica” que vive hoy la Fórmula 1. “No recuerdo una temporada tan ajustada en todos mis años acá. Es fantástico para el espectáculo y también para los pilotos, que deben pelear cada décima”, señaló.
Aun así, Briatore no ocultó su decepción por no haber podido ubicar a sus pilotos entre los mejores diez. “Siempre aspiramos a más, pero la realidad es que estamos todos muy parejos. Cualquier error mínimo te deja afuera de la Q3. Tenemos que seguir trabajando”.
El caso de Colapinto refleja una de las tensiones más habituales en la máxima categoría: el delicado equilibrio entre la presión mediática, las expectativas de los equipos y el proceso natural de maduración de un piloto joven. En ese sentido, incluso el propio Briatore reconoció que quizás desde Alpine también se equivocaron al exigir demasiado desde el inicio.
En la conferencia, llegó a compararlo con Kimi Antonelli, otro joven talento que está siendo observado con lupa en Mercedes. “Los chicos tienen mucha presión. Son humanos, hay que entender qué pasa por sus cabezas. A veces subestimamos la parte emocional de un piloto”, reflexionó, en una suerte de autocrítica que pocos esperaban.
Para el automovilismo argentino, lo ocurrido este fin de semana tiene doble lectura. Por un lado, las críticas iniciales despertaron preocupación entre quienes siguen de cerca el camino de Colapinto. Pero por otro, la buena respuesta del piloto en pista y el cambio de tono de Briatore reafirman que está preparado para dar pelea, incluso en escenarios adversos.
La situación también deja en evidencia las internas y tensiones que se viven puertas adentro en los equipos. Alpine no atraviesa su mejor momento en el campeonato y los resultados no acompañan. En ese contexto, cualquier decisión —como el ingreso de un piloto joven al plantel— se analiza al detalle.
Mientras tanto, Franco Colapinto sigue enfocado en su tarea. Con humildad y constancia, el argentino va ganando experiencia en un mundo competitivo, donde cada centésima cuenta. En Zandvoort, logró meterse en la conversación y, aunque todavía no llegan los grandes resultados, empieza a demostrar por qué muchos lo ven como una de las promesas más firmes del automovilismo sudamericano.
De cara a la carrera del domingo, la expectativa está puesta en que pueda avanzar desde el puesto 16 y sumar kilómetros valiosos que lo consoliden en la categoría. En una parrilla apretada, donde el talento se mezcla con la estrategia, cada maniobra será clave.
Y aunque no lo diga abiertamente, el propio Briatore parece haberlo entendido: en la Fórmula 1, los jóvenes también merecen tiempo y paciencia. Sobre todo si vienen empujando con la garra y el talento que se forjan lejos de Europa, en circuitos como los de Buenos Aires, Córdoba o Salta, donde se empieza a soñar con la gloria desde muy chicos.
Colapinto aún tiene mucho por dar. Y mientras siga corriendo con la bandera argentina en su casco, el país entero —y especialmente el norte del país, donde el deporte motor tiene una enorme base de fanáticos— estará pendiente de cada acelerada.