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Polémica por la Finalíssima y un reclamo que sacude al fútbol

Desde Conmebol plantean que Argentina sea declarada bicampeona tras la suspensión del duelo con España.

Polémica por la Finalíssima y un reclamo que sacude al fútbol

La suspensión de la Finalíssima entre Argentina y España, que iba a disputarse a fines de marzo, no solo dejó un hueco en el calendario internacional sino que además desató una fuerte controversia dirigencial. Desde la conducción del fútbol sudamericano sostienen que, ante la imposibilidad de jugar el partido, la selección argentina debería ser considerada automáticamente bicampeona del certamen.

El planteo lo hizo el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, quien argumentó que la no presentación del rival puede interpretarse bajo la figura de “walkover”, un concepto reglamentario que implica la adjudicación de un triunfo cuando el adversario no se presenta. La idea, que rápidamente generó repercusiones en distintos sectores del fútbol internacional, pone en discusión cómo resolver institucionalmente un torneo que quedó trunco.

La postura fue respaldada por el titular de la AFA, Claudio Tapia, quien además cuestionó la falta de acuerdo con las autoridades europeas para reprogramar el encuentro. Según explicó, las negociaciones no prosperaron por diferencias en la elección de la sede y por problemas logísticos que terminaron por frustrar la organización.

El partido estaba previsto como un nuevo capítulo del cruce entre campeones de América y Europa, un formato que había sido revitalizado en los últimos años y que tenía como antecedente inmediato la consagración argentina frente a Italia. La expectativa era alta, no solo por el nivel de los equipos sino también por el contexto competitivo de cara a lo que viene en el calendario internacional.

Sin embargo, distintos factores complicaron la realización. Entre ellos, el escenario geopolítico en Medio Oriente y la falta de consenso para trasladar el partido a otra sede. Las opciones que se pusieron sobre la mesa no lograron satisfacer a todas las partes involucradas. Desde el lado argentino, se rechazó la posibilidad de jugar en Madrid, mientras que otras alternativas en Europa tampoco avanzaron.

En ese marco, la dirigencia sudamericana endureció su postura. Domínguez insistió en que, si se aplica el criterio reglamentario correspondiente, el título debería quedar en manos de Argentina. La declaración no fue menor y generó debate inmediato, ya que implica otorgar un trofeo sin que se dispute el partido.

Por su parte, Tapia dejó en claro que la AFA se siente perjudicada por la situación y remarcó que no hubo voluntad suficiente para destrabar el conflicto. También subrayó que el equipo campeón del mundo tiene derecho a defender su posición en este escenario, lo que refuerza la línea argumental de Conmebol.

Más allá de la discusión institucional, la cancelación obligó a reconfigurar la agenda de la selección. El cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni tuvo que reorganizar la planificación para la fecha FIFA, buscando mantener el ritmo competitivo en un tramo clave del proceso hacia el Mundial 2026.

En ese sentido, ya se confirmó un amistoso frente a Guatemala, que servirá como alternativa para no perder rodaje. Además, se evalúan otros compromisos que permitan sostener la preparación del plantel, en un contexto donde cada partido cuenta para la consolidación del grupo.

La coyuntura también coincidió con la presentación de una nueva lista de convocados, que funciona como una instancia de evaluación previa a la definición del plantel definitivo. Scaloni incluyó algunos nombres que vienen empujando desde el recambio generacional, apostando a ampliar la base y darles rodaje a futbolistas jóvenes.

Entre las novedades aparecen jugadores del ámbito local y otros que ya tienen experiencia en el exterior, lo que refleja la intención de mantener un equilibrio entre presente y proyección. Al mismo tiempo, algunas ausencias importantes responden a lesiones, lo que abre oportunidades para que otros futbolistas sumen minutos y se muestren.

El contexto general deja en evidencia que el conflicto por la Finalíssima va más allá de un partido suspendido. Se trata de una disputa de poder y criterios entre dos confederaciones que, históricamente, han tenido diferencias en la organización del fútbol internacional.

Mientras tanto, la posibilidad de declarar un campeón sin jugar sigue generando ruido. Para algunos, se trata de una solución reglamentaria válida; para otros, una decisión que desvirtúa el espíritu competitivo del deporte. Lo cierto es que el debate está instalado y todavía no hay una resolución definitiva.

En medio de este escenario, la selección argentina continúa enfocada en su preparación, con la mira puesta en los próximos desafíos. Más allá de la polémica, el equipo busca sostener el nivel que lo llevó a lo más alto y consolidar un proceso que sigue generando expectativas.

La historia de esta Finalíssima inconclusa, lejos de cerrarse, parece abrir un nuevo capítulo en la relación entre el fútbol sudamericano y europeo. Y, como suele ocurrir en estos casos, las decisiones que se tomen pueden marcar precedentes para el futuro.


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