El Banco Central volvió a intervenir con fuerza en el mercado cambiario y concretó la mayor compra de dólares en más de un año. En una sola jornada sumó USD 281 millones, lo que permitió que las reservas internacionales superaran nuevamente los USD 45.000 millones, en medio de una estrategia oficial orientada a reforzar el frente externo.
Con esta operación, la autoridad monetaria extendió a 63 las ruedas consecutivas con saldo comprador, consolidando una tendencia que se mantiene desde comienzos de año. En lo que va de 2026, el organismo ya acumuló cerca de USD 5.000 millones, un dato que marca un ritmo sostenido de adquisición de divisas en el mercado oficial.
El monto de la última jornada no solo fue el más alto del año, sino también el mayor desde febrero de 2025, cuando se había registrado una intervención superior a los USD 300 millones. Esta dinámica se enmarca en el nuevo esquema monetario puesto en marcha en enero, con el que el equipo económico busca fortalecer las reservas y estabilizar las variables cambiarias.
Sin embargo, el incremento en la compra de dólares no se traduce de manera directa en un crecimiento equivalente de las reservas. Una parte importante de esas divisas se destina a cubrir pagos de deuda en moneda extranjera, lo que limita el impacto neto en el stock total. En ese sentido, el Tesoro viene demandando dólares para afrontar vencimientos, lo que absorbe buena parte de lo adquirido por el Central.
A pesar de estas salidas, el nivel de reservas logró ubicarse por encima de los USD 45.000 millones, impulsado también por factores como la valorización de activos financieros. En la última jornada, el stock total mostró una suba diaria significativa, reflejando tanto la compra de divisas como movimientos favorables en otros componentes.
Desde el inicio del año, las compras del Banco Central representan casi la mitad de la meta anual prevista por el Gobierno. Solo en marzo se habían acumulado más de USD 1.600 millones, lo que evidencia una aceleración en el ritmo de intervención.
Para sostener este proceso, la autoridad monetaria emitió pesos sin esterilizar, mientras que el Tesoro colocó deuda en moneda local para absorber parte de esa liquidez. El objetivo es evitar un impacto directo sobre la inflación y mantener bajo control la presión sobre el tipo de cambio.
De cara a los próximos meses, las proyecciones oficiales son moderadamente optimistas. Se espera que el ingreso de divisas aumente con la liquidación de la cosecha gruesa, mientras que las necesidades de pago de deuda serán menores en comparación con el primer trimestre. Este escenario podría facilitar una mayor acumulación de reservas.
En paralelo, el mercado cambiario mostró cierta estabilidad. El dólar mayorista registró una leve baja y se ubicó en uno de los niveles más bajos de las últimas semanas. A pesar de las compras del Banco Central, la oferta de divisas resultó suficiente para sostener esa tendencia.
En lo que va de abril, el tipo de cambio acumula una ligera caída, y desde enero el retroceso es más marcado. Esto refleja, en parte, el efecto de la intervención oficial y la menor presión sobre la demanda de dólares.
El desafío hacia adelante será sostener este equilibrio entre la acumulación de reservas, el control de la emisión y la estabilidad cambiaria, en un contexto donde las variables financieras siguen condicionadas por los compromisos de deuda y la dinámica del mercado internacional.