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Turismo internacional deja un rojo histórico en dólares para Argentina

En 2025, la diferencia entre los dólares que ingresaron por visitantes extranjeros y los que gastaron los argentinos en el exterior alcanzó un nivel sin precedentes.

Turismo internacional deja un rojo histórico en dólares para Argentina

El turismo internacional volvió a encender señales de alerta en la economía argentina tras registrar en 2025 el peor resultado en al menos tres décadas. La diferencia entre los dólares que ingresaron al país por visitantes extranjeros y los que salieron por viajes de argentinos al exterior alcanzó un déficit histórico de USD 7.221 millones, una cifra que refleja con claridad el fuerte desequilibrio del sector.

El dato surge del balance cambiario vinculado a la actividad turística y pone en evidencia una tendencia que se viene consolidando desde hace años: cada vez son más los argentinos que eligen viajar fuera del país, mientras que el ritmo de llegada de turistas internacionales no logra compensar ese flujo.

En términos concretos, durante el último año viajaron al exterior 18,8 millones de argentinos, mientras que ingresaron al país 8,7 millones de visitantes del extranjero, incluyendo tanto turistas como excursionistas. La brecha supera los 10 millones de personas y se traduce directamente en una salida neta de divisas que impacta de lleno en las cuentas externas.

El desbalance no solo es significativo por su magnitud, sino también por su peso relativo en la economía. Los USD 7.221 millones que se fueron por turismo equivalen a cerca del 40% de los compromisos de deuda en moneda extranjera que el país debe afrontar en el corto plazo. Incluso, ese monto permitiría cubrir casi la totalidad de los vencimientos de bonos en manos privadas previstos para el año.

Detrás de este resultado aparece con fuerza el crecimiento del turismo emisivo. El gasto de los argentinos en el exterior trepó a USD 12.072 millones, muy por encima de los niveles históricos. En contraste, el ingreso de dólares por turismo receptivo alcanzó los USD 4.852 millones, un número que, si bien se ubica por encima del promedio de las últimas décadas, resulta insuficiente frente a la magnitud de la salida.

Al analizar la evolución histórica, el dato de 2025 rompe todos los registros previos. Hasta ahora, el peor resultado se había dado en 2017, con un déficit de USD 6.008 millones. El salto actual no solo supera ese nivel, sino que lo hace con una diferencia considerable, lo que confirma la profundización del fenómeno.

A lo largo de los últimos 30 años, la balanza turística argentina mostró una tendencia mayormente negativa. Solo en cuatro ocasiones se registraron saldos positivos y, aun en esos casos, los montos fueron relativamente bajos. Los mejores resultados se dieron entre 2006 y 2010, con cifras que nunca superaron los USD 400 millones a favor.

El problema estructural no radica exclusivamente en la capacidad de atraer visitantes extranjeros, sino principalmente en el volumen creciente de argentinos que viajan al exterior. Mientras que el ingreso de divisas por turismo se mantiene relativamente estable en el tiempo, el gasto fuera del país muestra una tendencia ascendente mucho más marcada.

Si se toma como referencia el período comprendido entre 2005 y 2025, el promedio anual de ingreso de dólares por turismo receptivo fue de USD 4.330 millones, mientras que la salida por turismo emisivo alcanzó los USD 6.246 millones. Esa diferencia implica una pérdida promedio de más de USD 1.600 millones por año durante las últimas dos décadas.

El acumulado histórico también resulta contundente. Desde mediados de los años 90 hasta la actualidad, el turismo internacional generó una salida neta de USD 52.192 millones. En ese lapso ingresaron USD 117.376 millones por visitantes extranjeros, pero salieron USD 169.568 millones por viajes de argentinos al exterior.

Este escenario reabre el debate sobre la necesidad de políticas que apunten a equilibrar la balanza turística. En términos económicos, el turismo receptivo representa una fuente genuina de ingreso de divisas, mientras que el emisivo implica una presión adicional sobre las reservas.

El desafío, en este contexto, pasa por mejorar la competitividad del país como destino internacional, incentivar la llegada de turistas y, al mismo tiempo, generar condiciones que desalienten la salida masiva de divisas. Factores como el tipo de cambio, los costos internos, la conectividad aérea y la oferta de servicios turísticos juegan un rol clave en esta dinámica.

A nivel local, el impacto de estas tendencias también se siente en las economías regionales, que dependen en gran medida del turismo como motor de actividad. La menor afluencia de visitantes extranjeros limita el ingreso de recursos y condiciona el desarrollo de distintos destinos dentro del país.

En paralelo, el auge del turismo emisivo responde a múltiples factores, entre ellos la posibilidad de acceder a ofertas competitivas en el exterior, la apertura de rutas aéreas y, en algunos períodos, la conveniencia cambiaria. Estos elementos contribuyen a que viajar fuera del país resulte atractivo para una porción cada vez más amplia de la población.

El resultado final es una balanza desequilibrada que, año tras año, suma presión sobre las cuentas externas. El récord negativo de 2025 no aparece como un hecho aislado, sino como la expresión más reciente de una tendencia estructural que plantea interrogantes hacia el futuro.

Con este panorama, el turismo deja de ser solo una actividad vinculada al ocio y se convierte en un factor relevante dentro del entramado económico. La evolución de sus números no solo refleja hábitos de consumo, sino también condiciona variables clave como el ingreso de divisas, el nivel de reservas y la estabilidad financiera.

El desafío será, en adelante, revertir esta dinámica o al menos moderarla, en un contexto donde cada dólar cuenta y donde el equilibrio entre lo que entra y lo que sale se vuelve cada vez más determinante.


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