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Fútbol africano

De la gloria deportiva al reconocimiento estatal para Senegal

Tras ganar la Copa de África, el plantel senegalés fue distinguido con importantes sumas de dinero, terrenos y honores oficiales.

De la gloria deportiva al reconocimiento estatal para Senegal

La selección de Senegal volvió a escribir una página dorada en la historia del fútbol africano y la celebración no se limitó a lo deportivo. Luego de consagrarse campeona de la Copa de África, el equipo recibió una recompensa estatal inédita que combinó reconocimiento simbólico, premios económicos y beneficios patrimoniales para cada uno de los integrantes del plantel.

El anuncio fue realizado por el presidente Bassirou-Diomaye Faye durante un acto oficial que tuvo lugar tras el regreso del equipo al país. Según se informó, cada futbolista recibirá 75 millones de francos CFA, una cifra que ronda los 115.000 euros, además de un terreno de 1.500 metros cuadrados ubicado en una de las zonas costeras más valorizadas del país. La decisión fue presentada como un gesto de gratitud nacional por una conquista que reforzó el lugar de Senegal como potencia futbolística regional.

La llegada de los campeones desató una celebración masiva. En la madrugada del lunes, la delegación aterrizó en la capital y fue recibida por miles de personas que salieron a las calles para acompañar el recorrido del plantel. El clima fue el de una verdadera fiesta popular, con banderas, música y expresiones culturales que acompañaron el paso del micro descapotable desde el cual los jugadores exhibieron el trofeo.

El capitán Sadio Mané fue una de las figuras más ovacionadas durante el desfile. Referente dentro y fuera de la cancha, su liderazgo volvió a quedar en evidencia tanto en el torneo como en los momentos más tensos de la final. Junto a él, el resto del plantel celebró con la gente un título que tuvo ribetes épicos y un desenlace cargado de dramatismo.

Durante la recepción oficial en el Palacio de la República, el presidente destacó el compromiso, la entrega y el impacto social del logro deportivo. En ese marco, tanto los jugadores como el cuerpo técnico fueron distinguidos con el rango de Comandantes de la Orden Nacional del León, la máxima condecoración que otorga el Estado. El reconocimiento apuntó a resaltar no solo el resultado, sino también el rol del fútbol como factor de identidad y cohesión social.

La final del torneo, disputada en Rabat, fue uno de los partidos más tensos y recordados de la competencia. Senegal se impuso por 1 a 0 ante Marruecos en un encuentro marcado por la fricción, las polémicas arbitrales y un cierre al borde del escándalo. En tiempo adicionado, un penal sancionado a favor del equipo marroquí generó una fuerte protesta que estuvo cerca de derivar en el abandono del campo por parte del conjunto senegalés.

La intervención del capitán fue clave para evitar una sanción mayor. Tras varios minutos de incertidumbre, el partido se reanudó y el arquero Edouard Mendy se convirtió en héroe al atajar el remate de Brahim Díaz, quien intentó definir con un disparo sutil que no logró engañar al guardameta. Esa atajada sostuvo el empate y permitió que el equipo llegara con vida a la prórroga.

Ya en el tiempo suplementario, Senegal encontró el gol del triunfo a través de Pape Gueye, que selló la victoria definitiva y desató el festejo. El resultado no solo le dio un nuevo título continental al seleccionado, sino que prolongó la sequía de su rival, que lleva más de cinco décadas sin consagraciones en el plano africano.

Más allá del impacto inmediato, el título y las recompensas otorgadas buscan proyectarse a largo plazo. El gobierno también anunció la asignación de fondos adicionales para el desarrollo del fútbol y el fortalecimiento de las estructuras deportivas, con el objetivo de sostener el crecimiento alcanzado en los últimos años. La apuesta apunta a consolidar un modelo que combine formación, competencia y respaldo institucional.

La consagración de Senegal y el reconocimiento posterior reflejan cómo el deporte puede transformarse en una política de Estado. En este caso, el fútbol funcionó como una vidriera internacional y como un punto de encuentro interno, capaz de generar orgullo colectivo y de proyectar al país en el escenario global.

Con una generación consolidada, un liderazgo claro y un respaldo gubernamental poco habitual, Senegal cerró el torneo no solo levantando una copa, sino marcando un precedente sobre cómo celebrar y capitalizar una conquista deportiva histórica.

 


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