La misión Artemis 2 dio un paso decisivo hacia su lanzamiento al quedar instalada en la plataforma del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Con el cohete Space Launch System (SLS) y la nave Orion ya en posición, la NASA inició la fase más crítica del cronograma: las pruebas finales que permitirán validar cada sistema antes de un vuelo tripulado que marcará un nuevo capítulo en la exploración lunar.
El traslado desde el edificio de ensamblaje fue una operación lenta y precisa. Durante casi 12 horas, el conjunto avanzó a paso mínimo sobre el histórico crawler-transporter, un vehículo diseñado para mover estructuras de dimensiones colosales. Más allá del desafío logístico, la llegada al pad representa el inicio concreto de la cuenta regresiva técnica hacia el despegue.
El SLS es el cohete más potente construido por la agencia espacial estadounidense. Con casi 100 metros de altura, integra motores heredados del programa del transbordador espacial junto con desarrollos más recientes. Esa combinación será puesta a prueba en condiciones reales durante los ensayos previos, donde no hay margen para errores: cada válvula, sensor y sistema debe responder con absoluta precisión.
En esta etapa, los equipos técnicos se concentran en el llamado wet dress rehearsal, un simulacro completo del día de lanzamiento. La prueba incluye la carga de combustible criogénico, la ejecución de la cuenta regresiva y el drenaje controlado de los tanques. El objetivo es detectar cualquier anomalía antes de que el vehículo quede autorizado para volar con tripulación a bordo.
Además del ensayo general, se realizan chequeos específicos sobre los sistemas de comunicación entre el cohete, la nave Orion y los centros de control. La transmisión de datos, voz y telemetría debe mantenerse estable durante todas las fases del lanzamiento, desde los minutos previos al despegue hasta la inserción en la trayectoria lunar.
Otro foco clave está puesto en los sistemas de presurización y ventilación, fundamentales cuando se trabaja con hidrógeno y oxígeno líquidos a temperaturas extremas. Las experiencias de misiones anteriores llevaron a ajustar protocolos y reforzar controles para minimizar riesgos y evitar demoras inesperadas.
También se evalúan los sistemas de seguridad y abortaje, diseñados para proteger a la tripulación ante cualquier escenario anómalo durante la cuenta regresiva. Aunque no se activan por completo, los simulacros permiten verificar que sensores, software y mecanismos automáticos respondan según lo previsto.
Una vez concluidas las pruebas, la NASA analizará una enorme cantidad de datos recolectados en tiempo real. En función de esos resultados, se definirá si el cohete puede avanzar directamente hacia la ventana de lanzamiento o si será necesario realizar ajustes adicionales, incluso con la posibilidad de repetir ensayos.
Artemis 2 llevará a cuatro astronautas en una misión de unos diez días. Reid Wiseman será el comandante, acompañado por Victor Glover como piloto, junto a Christina Koch y Jeremy Hansen. La nave no descenderá en la superficie lunar: el plan es orbitar la Luna y regresar a la Tierra mediante una trayectoria de retorno libre, que aprovecha la gravedad lunar como garantía adicional de seguridad.
Con estas pruebas, la NASA no solo evalúa tecnología. También ensaya la coordinación humana detrás de cada lanzamiento, una coreografía precisa que será decisiva cuando Artemis 2 finalmente encienda sus motores y vuelva a llevar astronautas más allá de la órbita terrestre.