La circulación ferroviaria en Cataluña vivió una de sus jornadas más críticas en los últimos años tras el descarrilamiento de dos trenes de pasajeros en medio de un fuerte temporal que azotó la región. Los hechos se produjeron durante el paso de la borrasca Harry, un fenómeno meteorológico que obligó a declarar alerta roja en varias zonas y dejó como saldo al menos una persona fallecida y cerca de 20 heridos, algunos de ellos de gravedad.
El episodio más grave ocurrió en la línea R4 de Rodalies, entre las localidades de Gelida y Sant Sadurní d’Anoia, en la provincia de Barcelona. Allí, un tren descarriló luego de que un muro colapsara y cayera sobre las vías, provocando el impacto del convoy y una rápida movilización de los servicios de emergencia. En ese accidente murió el maquinista del tren, mientras que los pasajeros resultaron con heridas de diversa consideración.
A raíz del siniestro, el sistema de emergencias médicas desplegó un importante operativo sanitario para asistir a las víctimas. Se activaron alrededor de 20 ambulancias y decenas de profesionales de la salud trabajaron en el lugar para estabilizar a los heridos antes de su traslado a centros hospitalarios de la zona. De acuerdo con los primeros reportes, al menos tres personas permanecen internadas en estado grave, mientras que el resto presenta lesiones leves y moderadas.
El impacto del descarrilamiento también obligó a activar el plan de emergencias ferroviarias, diseñado para responder ante accidentes en el transporte de pasajeros. Durante las horas posteriores al hecho, las líneas de atención recibieron decenas de llamados de vecinos y usuarios preocupados por la situación, mientras se establecían cortes preventivos en el servicio y se organizaban desvíos para facilitar el trabajo de los rescatistas.
En paralelo, se desplegó un amplio operativo de bomberos, con más de 30 dotaciones y decenas de efectivos que trabajaron en tareas de rescate, aseguramiento de la zona y remoción de escombros. El objetivo principal fue garantizar que no quedaran personas atrapadas dentro de los vagones y reducir riesgos ante posibles nuevos derrumbes, en un contexto climático todavía adverso.
Mientras tanto, los hospitales cercanos se mantuvieron en estado de alerta para recibir a los heridos, reorganizando guardias y recursos ante la magnitud del accidente ferroviario. Las autoridades sanitarias confirmaron que los centros asistenciales estaban preparados para absorber la demanda generada por el siniestro, en una noche marcada por la tensión y la incertidumbre.
Horas más tarde, se registró un segundo descarrilamiento en la provincia de Girona, esta vez en la línea R1 de Rodalies. El incidente ocurrió entre las estaciones de Blanes y Maçanet, cuando un tren impactó contra una roca que había caído sobre las vías como consecuencia del temporal. El golpe provocó que el convoy perdiera uno de sus ejes y obligó a interrumpir por completo la circulación en ese tramo.
A diferencia del primer accidente, en este segundo episodio no se reportaron personas heridas. En el tren viajaban cerca de diez pasajeros, quienes fueron asistidos y evacuados de manera preventiva. Pese a la menor gravedad, el hecho volvió a encender las alarmas sobre el estado de la infraestructura ferroviaria frente a eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes.
La sucesión de ambos descarrilamientos generó un fuerte impacto en el sistema de transporte público catalán, con demoras, cancelaciones y la implementación de servicios alternativos por carretera. Empresas ferroviarias y organismos de emergencia trabajaron de manera coordinada para garantizar el traslado de los pasajeros afectados y restablecer la circulación en las líneas interrumpidas.
En el caso de la línea R4, la circulación permaneció suspendida entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia durante varias horas, mientras se evaluaban los daños en la infraestructura y se realizaban tareas de limpieza y reparación. El centro de operaciones se montó en un predio cercano, desde donde se coordinó el despliegue de recursos y la atención a las víctimas.
La gravedad del primer descarrilamiento motivó la presencia de autoridades regionales en la zona del accidente. Funcionarios del gobierno catalán se trasladaron hasta el lugar para seguir de cerca la evolución de la situación y supervisar el trabajo de los equipos de emergencia. El foco estuvo puesto tanto en la asistencia a los afectados como en el análisis de las causas que derivaron en el colapso del muro sobre las vías.
El contexto meteorológico aparece como un factor central en ambos episodios. La borrasca Harry provocó lluvias intensas, fuertes ráfagas de viento y deslizamientos de tierra en distintos puntos del noreste de España, complicando la circulación y poniendo a prueba la capacidad de respuesta de los sistemas de transporte y emergencia. Las autoridades habían advertido previamente sobre el riesgo elevado, aunque la magnitud de los daños superó las previsiones iniciales.
En ese marco, se abrió un proceso de evaluación para determinar si existieron fallas estructurales o deficiencias en las medidas preventivas adoptadas ante la alerta meteorológica. Especialistas en seguridad ferroviaria analizan ahora el estado de las vías, los muros de contención y los protocolos de actuación frente a temporales severos.
El doble descarrilamiento reavivó el debate sobre la inversión en infraestructura y mantenimiento del sistema ferroviario, especialmente en regiones expuestas a fenómenos climáticos extremos. También puso en primer plano el impacto que estos eventos tienen sobre la seguridad de los pasajeros y el personal que trabaja a diario en el transporte público.
Mientras avanzan las investigaciones y continúan las tareas de reparación, la prioridad sigue siendo la recuperación de los heridos y el acompañamiento a las familias afectadas por el accidente más grave. La muerte del maquinista marcó la jornada y dejó una fuerte conmoción, en una semana atravesada por el clima adverso y sus consecuencias.
Con el correr de las horas, las autoridades esperan normalizar progresivamente los servicios ferroviarios y emitir nuevos informes sobre el estado de los heridos y las condiciones de las líneas afectadas. El temporal comenzó a ceder, pero las secuelas de la borrasca Harry seguirán presentes durante varios días en la región.