Paraguay inició una nueva etapa política tras la asunción de Pedro Alliana como presidente de la Nación, luego de la salida de Santiago Peña. El cambio de mando se concretó en una sesión bicameral del Congreso, en medio de una crisis política y financiera que sacudió al Gobierno.
La decisión parlamentaria se produjo después de que el Senado avanzara con la destitución de Peña, cuya gestión quedó debilitada por las repercusiones del colapso de la entidad financiera digital ueno.
El ahora expresidente había presentado su renuncia el jueves, en un contexto de creciente tensión por la situación del banco, con el que había mantenido vínculos comerciales en el pasado. Sin embargo, el Congreso rechazó aceptar su dimisión y resolvió continuar con el proceso de juicio político.
Finalmente, los legisladores formalizaron su salida y habilitaron la asunción de Alliana, dirigente del Partido Colorado y hasta entonces una de las principales figuras del oficialismo.
El nuevo mandatario llega al Ejecutivo en un escenario complejo, marcado por cuestionamientos políticos y preocupación por las consecuencias económicas de la crisis financiera. Su principal desafío será recuperar la estabilidad institucional y dar respuestas a un contexto que generó incertidumbre en distintos sectores del país.
La salida de Peña representa un fuerte movimiento en el escenario político paraguayo y abre una nueva etapa para el Partido Colorado, que deberá afrontar las consecuencias de una transición inesperada en el Gobierno.
La situación también mantiene la atención sobre el impacto que tendrá la crisis de la entidad digital y las posibles derivaciones políticas y económicas de su colapso. Mientras tanto, Pedro Alliana comienza su gestión con el desafío de recomponer la confianza y garantizar la continuidad institucional.