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ENCUENTRO

Milei se reunió con Nahuel Gallo luego de su liberación en Venezuela

El gendarme había sido liberado luego de permanecer más de un año detenido.

Milei se reunió con Nahuel Gallo luego de su liberación en Venezuela

El presidente Javier Milei recibió este miércoles en la Casa Rosada al gendarme Nahuel Gallo, quien permaneció detenido durante 448 días en Venezuela y fue liberado el pasado 1 de marzo. El encuentro marcó el primer cara a cara entre ambos desde que el efectivo regresó al país, luego de un extenso proceso de gestiones diplomáticas y negociaciones indirectas que derivaron en su liberación.

La reunión se llevó a cabo en el despacho presidencial y tuvo un carácter institucional, aunque también estuvo atravesada por la carga simbólica del caso, que se convirtió en uno de los episodios más sensibles en materia internacional para la Argentina en el último tiempo. Gallo había sido arrestado sin proceso judicial claro ni garantías legales, en un contexto de fuerte tensión con el gobierno venezolano.

Del encuentro participaron además funcionarios del gabinete nacional vinculados al área de seguridad y relaciones exteriores. Entre ellos, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y el canciller Pablo Quirno, quienes ya habían acompañado al gendarme en su arribo al país semanas atrás. Más tarde también se sumó Patricia Bullrich, actual referente del oficialismo en el Senado y ex titular de la cartera de Seguridad, quien siguió de cerca el caso desde sus inicios.

La reunión se concretó a poco más de un mes de la liberación de Gallo, en línea con lo que se había anticipado desde el Gobierno nacional, que consideraba prioritario que el efectivo pudiera atravesar un proceso de recuperación física y emocional antes de retomar la agenda pública. Durante ese período, el gendarme permaneció bajo seguimiento médico y contenido por su entorno más cercano.

El caso de Nahuel Gallo había generado una fuerte repercusión desde fines de 2024, cuando fue detenido el 8 de diciembre al intentar ingresar a Venezuela desde Colombia. Su objetivo era reunirse con su familia para pasar las fiestas de fin de año, pero fue interceptado en el cruce fronterizo de San Antonio del Táchira. Desde ese momento, quedó bajo custodia de las autoridades venezolanas, acusado de supuestos delitos vinculados a conspiración, sin que se conocieran pruebas concretas ni se respetaran instancias judiciales formales.

Durante su detención, Gallo permaneció incomunicado durante largos períodos y fue trasladado al centro penitenciario conocido como El Rodeo, uno de los más cuestionados en términos de condiciones de detención. La falta de información oficial y la imposibilidad de contacto directo con su familia generaron una creciente preocupación en el país, que se tradujo en reclamos sostenidos por su liberación.

La resolución del caso se produjo tras una serie de gestiones que incluyeron la intervención de actores no tradicionales en la diplomacia. Entre ellos, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) jugó un rol clave como canal de diálogo, junto con su par venezolana. Esa vía permitió destrabar una situación que, por canales formales, no había mostrado avances significativos.

Finalmente, Gallo fue liberado el 1 de marzo y trasladado en un vuelo privado hacia la Argentina. Su llegada al país se dio en medio de un fuerte operativo y con la presencia de autoridades nacionales que lo recibieron en el aeropuerto de Ezeiza. Allí se produjo también el esperado reencuentro con su familia, en una escena cargada de emoción tras más de un año de incertidumbre.

Tras su regreso, el gendarme permaneció alojado en el Edificio Centinela, sede de la Gendarmería Nacional, donde se sometió a distintos estudios médicos para evaluar su estado general. Luego brindó una conferencia de prensa en la que relató parte de su experiencia durante el cautiverio y visibilizó la situación de otros detenidos en condiciones similares.

En esa oportunidad, Gallo hizo un pedido concreto: reclamó la liberación de otros 24 ciudadanos extranjeros que continúan detenidos en Venezuela en circunstancias que, según denunció, presentan irregularidades similares a las de su caso. Entre ellos se encuentra un argentino, cuya situación sigue siendo motivo de preocupación para las autoridades nacionales.

Desde entonces, el gendarme también mantuvo encuentros con familiares de personas que aún permanecen detenidas, en un intento por acompañar sus reclamos y mantener vigente el tema en la agenda pública. Su testimonio pasó a ser un elemento central para dimensionar las condiciones de detención y las dificultades que enfrentan quienes atraviesan situaciones similares.

El encuentro con el Presidente se inscribe en ese contexto, como un gesto institucional que busca cerrar una etapa marcada por la incertidumbre y reafirmar el respaldo del Estado a sus fuerzas de seguridad. También representa una señal política en relación con la postura del Gobierno frente a situaciones de este tipo en el ámbito internacional.

Durante la reunión, según trascendió, se abordaron detalles del proceso que derivó en su liberación y se repasaron aspectos vinculados a su experiencia personal durante el cautiverio. Además, se analizó el estado de situación de otros casos pendientes y la posibilidad de continuar impulsando gestiones para lograr nuevas liberaciones.

El caso de Nahuel Gallo dejó en evidencia las dificultades que pueden surgir cuando ciudadanos argentinos quedan involucrados en conflictos o situaciones judiciales en el exterior, especialmente en países con sistemas institucionales cuestionados. También expuso la necesidad de explorar vías alternativas de negociación cuando los canales diplomáticos tradicionales no resultan efectivos.

A más de un mes de su regreso, el gendarme comienza a retomar de manera paulatina su vida cotidiana, mientras continúa atravesando un proceso de recuperación integral. Su historia, sin embargo, sigue presente como un recordatorio de los riesgos y desafíos que pueden surgir en contextos internacionales complejos.

El encuentro en Casa Rosada, en ese sentido, no solo tuvo un valor simbólico, sino que también funcionó como punto de partida para una nueva etapa, tanto en lo personal como en lo institucional. Una instancia que, más allá de los gestos formales, vuelve a poner el foco en la situación de quienes aún esperan una resolución similar.


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