El escenario político empieza a mostrar señales claras de desgaste para el gobierno de Javier Milei. A medida que avanzan los meses y el impacto del ajuste económico se hace sentir con más fuerza en la vida cotidiana, crece el rechazo a la posibilidad de una reelección. Hoy, seis de cada diez argentinos se manifiestan en contra de que el Presidente continúe en el poder más allá de su actual mandato.
El dato surge de un relevamiento nacional realizado en abril sobre más de dos mil casos, que refleja un cambio significativo en el humor social. La base de apoyo que llevó a Milei a la Casa Rosada en 2023 ya no se muestra tan sólida, y empiezan a aparecer fisuras incluso entre quienes lo votaron en el balotaje.
La principal razón detrás de este giro es, sin dudas, la situación económica. Casi la mitad de los encuestados señala la mala gestión en este plano como el motivo central de su rechazo. La pérdida de poder adquisitivo, la inflación persistente y la incertidumbre generan un clima de malestar que impacta directamente en la valoración del Gobierno.
A esto se suma otro factor clave: el desencanto con las promesas de campaña. Un porcentaje importante de la población considera que muchas de las expectativas generadas durante la campaña no se cumplieron, lo que erosiona la confianza inicial. También aparece, aunque en menor medida, la preocupación por posibles hechos de corrupción, un punto sensible para una gestión que hizo de la transparencia uno de sus ejes discursivos.
El dato más llamativo es que el desgaste no se limita a sectores opositores. Dentro del propio electorado que respaldó a Milei, más de un tercio reconoce haber reducido o directamente retirado su apoyo. En estos casos, la economía vuelve a ser el factor determinante del desencanto.
Del lado de quienes aún sostienen su respaldo, el apoyo se explica principalmente por la figura del propio Presidente. La confianza en su liderazgo sigue siendo un pilar importante, aunque también aparece un componente más defensivo: el temor al regreso de espacios políticos tradicionales. En ese sentido, parte del apoyo actual se construye más desde el rechazo a otras opciones que desde una adhesión plena.
En paralelo, el estudio detecta un fenómeno que viene creciendo en la sociedad: el cansancio frente a la polarización. Cada vez más argentinos expresan la necesidad de nuevas figuras políticas que no estén asociadas a las estructuras tradicionales. La búsqueda de alternativas por fuera de la grieta gana terreno, al igual que la demanda de propuestas moderadas.
Este contexto abre la puerta a un escenario más fragmentado, donde las alianzas amplias empiezan a ser vistas con mejores ojos. Casi la mitad de los consultados considera positiva la conformación de coaliciones para enfrentar al oficialismo en futuras elecciones. Incluso dentro del peronismo, aparece la idea de ampliar el espacio y construir acuerdos con sectores provinciales para recuperar competitividad.
En contraste, la estrategia del oficialismo de sumar apoyos dentro de su propio esquema no genera el mismo nivel de consenso. La posibilidad de integrar formalmente a otros espacios tradicionales no logra convencer a la mayoría del electorado, lo que plantea un desafío adicional de cara al futuro.
Con este panorama, la gestión de Milei enfrenta un momento bisagra. El respaldo inicial muestra signos de agotamiento y la sociedad empieza a mirar con mayor atención otras alternativas. La economía, una vez más, se posiciona como el factor decisivo que puede inclinar la balanza en los próximos meses.
