La petrolera estatal YPF dio un paso decisivo para posicionar a la Argentina como un jugador fuerte en el mercado global del gas natural licuado. La compañía firmó un acuerdo vinculante con la italiana ENI y la firma árabe XRG para avanzar en el desarrollo del proyecto Argentina GNL, una iniciativa de dimensiones inéditas que prevé inversiones totales por unos 30.000 millones de dólares y la creación de hasta 50.000 puestos de trabajo en distintas etapas.
El entendimiento incluye 20.000 millones de dólares destinados a infraestructura estratégica y otros 10.000 millones para la perforación de pozos, en el marco de un plan integral que busca transformar el gas de Vaca Muerta en exportaciones a gran escala. El objetivo es alcanzar la decisión final de inversión durante el segundo semestre de este año y, a partir de allí, cerrar el financiamiento necesario para poner en marcha las obras.
El proyecto contempla la construcción de gasoductos, oleoductos y poliductos, además de plantas de separación para el tratamiento de gas licuado de petróleo y unidades de fraccionamiento de etano. Esta infraestructura permitirá no solo exportar gas natural licuado, sino también potenciar el desarrollo petroquímico y agregar valor a la producción local.
Uno de los puntos centrales del plan es la instalación de plantas flotantes de licuefacción frente a la costa de Río Negro. Se trata de enormes buques sin propulsión propia que operarán como verdaderas plantas industriales en el mar, enfriando el gas hasta -160 grados para convertirlo en líquido y facilitar su transporte en barcos metaneros hacia los principales mercados de Europa y Asia.
La magnitud del emprendimiento exige una coordinación financiera y técnica de alto nivel. Desde la compañía señalaron que ya se trabaja en la movilización de capital y que existen conversaciones avanzadas con bancos internacionales interesados en acompañar la iniciativa. El cronograma prevé que las exportaciones comiencen alrededor de 2030, es decir, cuatro años después de que se adopte la decisión final de inversión.
Más allá de las cifras, el megaproyecto apunta a modificar la matriz exportadora argentina y a consolidar al país como proveedor confiable de energía en un contexto global donde el gas natural gana terreno como combustible de transición. En esa estrategia, Vaca Muerta aparece como la carta fuerte: sus recursos no convencionales permiten proyectar volúmenes capaces de abastecer tanto el mercado interno como una demanda internacional creciente.
El impacto económico no se limita a la balanza comercial. La construcción de la infraestructura, la perforación de nuevos pozos y la operación de las plantas demandarán mano de obra directa e indirecta en múltiples rubros: ingeniería, metalmecánica, transporte, servicios industriales y logística portuaria, entre otros. El cálculo oficial estima que podrían generarse hasta 50.000 empleos a lo largo de las distintas fases del desarrollo.
Para la petrolera, el acuerdo representa además un salto cualitativo en su aspiración de consolidarse como operadora shale de clase mundial. La asociación con ENI, una de las grandes compañías energéticas europeas, y con XRG, vinculada a capitales de Medio Oriente, abre la puerta a financiamiento internacional, tecnología y mercados externos ya consolidados.
En términos estratégicos, el desarrollo del GNL se inscribe en una política de largo plazo que busca reducir la vulnerabilidad externa y transformar los recursos naturales en divisas sostenidas. La posibilidad de exportar gas en forma líquida permite sortear las limitaciones de los gasoductos tradicionales y acceder a destinos más lejanos, ampliando el abanico de compradores.
El desafío no es menor. Se trata de obras de gran escala, con plazos ajustados y alta exposición a las condiciones del mercado internacional. En este tipo de emprendimientos, los retrasos pueden traducirse en sobrecostos millonarios y pérdida de competitividad. Por eso, la planificación y el cierre del financiamiento aparecen como etapas críticas para garantizar que el proyecto avance sin sobresaltos.
Si el cronograma se cumple, hacia el final de la década Argentina podría estar exportando volúmenes significativos de gas natural licuado, con contratos de largo plazo que aporten previsibilidad. La apuesta es ambiciosa: convertir el potencial energético en crecimiento económico, empleo y mayor inserción internacional.
En un escenario global atravesado por la transición energética y la búsqueda de fuentes más limpias que el carbón y el petróleo, el GNL se posiciona como un recurso clave. Con este acuerdo, YPF intenta ubicarse en ese mapa y dar un paso firme hacia una nueva etapa en la historia energética del país, apoyada en inversiones récord, alianzas estratégicas y la promesa de miles de puestos de trabajo.