Un jardín maternal del barrio Grand Bourg, en la ciudad de Salta, fue víctima de un violento robo que dejó al descubierto una preocupante situación de inseguridad. Durante la noche, delincuentes ingresaron al establecimiento educativo y lo desmantelaron casi por completo: se llevaron equipamiento administrativo, mobiliario, juguetes y hasta donaciones destinadas a los niños que asisten diariamente al lugar.
El hecho fue descubierto en las primeras horas de la mañana, cuando una de las docentes llegó para iniciar la jornada y se encontró con un panorama desolador. Ventanas rotas, armarios revueltos, faltantes por todos lados y un fuerte impacto emocional entre quienes trabajan en un espacio pensado para el cuidado, la contención y el desarrollo de niños pequeños.
La institución funciona como jardín maternal desde las 7.30 hasta las 17, y en horas de la tarde una trabajadora permanece en el lugar para realizar tareas de limpieza. Durante la noche, el edificio queda sin personal, una situación que habría sido aprovechada por los delincuentes para actuar con total tranquilidad y durante un tiempo prolongado.
Según pudo reconstruirse, los autores del robo rompieron al menos dos ventanas para ingresar al predio. Una de las aberturas utilizadas se encuentra en un sector conocido como el “corralito”, desde donde lograron acceder al interior del edificio. Una vez adentro, los delincuentes encontraron las llaves del jardín, que estaban guardadas en un espacio de uso cotidiano, y con ellas pudieron abrir puertas internas sin necesidad de forzar accesos adicionales.
El nivel de daño y la cantidad de elementos robados dan cuenta de un accionar planificado. No se trató de un hecho rápido ni improvisado: quienes ingresaron recorrieron el lugar, seleccionaron objetos y los trasladaron fuera del edificio sin ser advertidos. Entre los elementos sustraídos figuran computadoras, impresoras, materiales administrativos y una gran cantidad de sillas.
De acuerdo a un primer relevamiento, el jardín contaba con más de un centenar de sillas y, tras el robo, apenas quedaron menos de la mitad. También desaparecieron numerosos juguetes, bloques, imanes, recipientes con material didáctico y elementos utilizados diariamente en las actividades pedagógicas con los niños.
Uno de los aspectos que más indignación generó fue el robo de donaciones. En la entrada del jardín, las familias solían dejar bolsas con juguetes y otros elementos para colaborar con la institución. Muchas de esas donaciones, que todavía no habían sido inventariadas, también fueron sustraídas. En algunos casos, el personal ni siquiera llegó a ver el contenido de las bolsas antes de que fueran robadas.
Además de los daños materiales, el hecho afectó también a los animales que forman parte del espacio educativo. En el lugar hay conejos que suelen ser utilizados como parte de las actividades recreativas y de aprendizaje. Tras el robo, los animales fueron encontrados sueltos, lo que generó preocupación y dejó abierta la incógnita sobre si los delincuentes intentaron llevárselos o simplemente los liberaron para desplazarse con mayor facilidad dentro del predio.
La sensación predominante entre las docentes y el personal del jardín es de vulnerabilidad. El ingreso de desconocidos durante la noche a un espacio destinado a niños pequeños provocó un fuerte impacto emocional. El temor no solo pasa por las pérdidas materiales, sino también por la violación de un lugar que representa cuidado, confianza y comunidad.
Otro dato alarmante es que los delincuentes se llevaron todas las cámaras de seguridad instaladas en el jardín. Esto dejó al establecimiento sin registros fílmicos que puedan ayudar a identificar a los responsables, y refuerza la hipótesis de que quienes actuaron sabían lo que estaban haciendo. Hasta el momento, no trascendieron avances concretos en la investigación, aunque la Policía intervino tras la denuncia y continúa con las actuaciones correspondientes.
Con el correr de las horas, el personal fue ampliando el listado de faltantes. Además de lo más visible, se detectó el robo de bombas de agua, desorden en sectores del personal y la desaparición de otros elementos de uso interno. También se presume que los delincuentes utilizaron una escalera plegable de aluminio, que fue sustraída del lugar, para facilitar el traslado de los objetos robados.
El jardín está ubicado frente a una plaza y a pocas cuadras de una dependencia policial, un dato que generó aún más bronca e impotencia entre quienes trabajan y viven en la zona. Vecinos que residen en las inmediaciones aseguraron no haber escuchado ruidos extraños durante la noche, lo que refuerza la idea de que el robo se llevó a cabo sin apuros y con cierta planificación.
La preocupación se extendió rápidamente en el barrio Grand Bourg. Días antes del hecho, vecinos y docentes habían participado de una juntada de firmas para solicitar mayor seguridad en la zona, ante reiterados episodios delictivos. El robo al jardín maternal no hizo más que profundizar ese reclamo y encender las alarmas sobre la falta de controles y patrullajes, especialmente durante la noche.
En cuanto a las condiciones de seguridad del establecimiento, hasta el momento solo contaban con rejas en la entrada principal y un cerco perimetral bajo, pensado más para evitar que los niños salgan del predio que para frenar un robo. Tras lo ocurrido, las autoridades del jardín reconocieron la necesidad urgente de reforzar las medidas, con alarmas, mejor iluminación, mayor protección perimetral y sistemas de seguridad más robustos.