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DOMINGO ACCIDENTADO

Dos vuelcos en rutas nacionales de Salta reavivan la preocupación por la seguridad vial

Un hombre quedó atrapado en su vehículo y un joven salió ileso de milagro.

Dos vuelcos en rutas nacionales de Salta reavivan la preocupación por la seguridad vial

La madrugada del domingo se tiñó de sirenas, luces intermitentes y el habitual despliegue de emergencias que lamentablemente se repite con frecuencia en las rutas salteñas. Dos accidentes de tránsito, ocurridos con apenas unas horas de diferencia en la ruta nacional 51 y la ruta nacional 68, volvieron a encender las alarmas sobre el estado de las vías y los hábitos de conducción en la provincia.

El primero de los siniestros ocurrió alrededor de las 6 de la mañana en la RN 51, a la altura del kilómetro 6, en las inmediaciones de La Silleta. Un hombre de 26 años circulaba a bordo de un Peugeot Partner blanco cuando, por causas que aún se investigan, perdió el control del vehículo y terminó volcando sobre la cinta asfáltica. El utilitario quedó apoyado sobre uno de sus laterales, con el conductor atrapado en el interior.

El rescate fue complejo y demandó la intervención de varias unidades de emergencia, entre ellas los Bomberos Voluntarios de Campo Quijano, efectivos de la División Bomberos Sur y la dotación B3. Las maniobras de rescate incluyeron el corte del suministro eléctrico del vehículo, el uso de herramientas hidráulicas y la apertura forzada de la puerta lateral, donde el joven había quedado aprisionado. Una vez liberado, fue trasladado en ambulancia al hospital más cercano, donde recibió atención médica. Según el parte preliminar, sufrió politraumatismos varios, aunque se encontraba lúcido al momento del traslado.

Mientras aún se realizaban peritajes en la zona del primer accidente, otro hecho volvió a sacudir la jornada en una de las curvas más temidas de la provincia. Ya en horas de la mañana, sobre la ruta nacional 68, en la famosa “curva del INTA”, un joven de 18 años protagonizó un espectacular vuelco luego de perder el control de su vehículo. Según versiones recogidas en el lugar, el muchacho habría intentado tomar una botella de agua mientras manejaba, lo que generó una distracción fatal. En cuestión de segundos, el auto se desestabilizó y terminó fuera del camino, completamente volcado.

Pese a lo violento del impacto y los daños materiales visibles, el conductor salió prácticamente ileso. Fue atendido de inmediato por personal del SAMEC y sometido al test de alcoholemia, el cual dio negativo. Aun así, las imágenes del rodado destrozado dejaron en claro que se trató de un milagro. Peritos de Criminalística trabajaron en la zona para establecer con mayor precisión las causas del siniestro y relevar las condiciones del asfalto en ese sector.

Ambos episodios vuelven a poner sobre la mesa una discusión constante en Salta: la fragilidad de nuestras rutas nacionales y la imprudencia al volante. La RN 51, que conecta el área metropolitana con la Puna, se ha transformado en un corredor estratégico para la minería y el turismo, pero aún presenta sectores con escasa visibilidad y señalización deficiente. Lo mismo ocurre con la RN 68, una vía vital para el Valle de Lerma y los Valles Calchaquíes, que en los últimos años ha visto incrementado su caudal vehicular, especialmente durante fines de semana largos y vacaciones.

La “curva del INTA”, escenario del segundo accidente, es bien conocida por los conductores salteños. Su historial de siniestros y maniobras peligrosas la han vuelto tristemente célebre. A pesar de los reiterados pedidos de mejoras en la infraestructura vial, la zona sigue sin contar con mecanismos efectivos de reducción de velocidad ni mayor iluminación, algo que vecinos de Cerrillos y La Merced han reclamado en múltiples oportunidades.

Desde organismos viales se insiste en que la mayoría de los accidentes en rutas nacionales de Salta se deben a fallas humanas: exceso de velocidad, distracciones, maniobras imprudentes o falta de descanso. Pero lo cierto es que la infraestructura vial tampoco ayuda. El crecimiento poblacional y el aumento del parque automotor no vinieron acompañados por una modernización acorde de las rutas, muchas de las cuales siguen siendo de una sola mano, sin banquinas y con curvas cerradas que no perdonan errores.

Mientras tanto, los salteños siguen siendo testigos de una estadística que no se detiene. Con cada nuevo accidente, se renueva el pedido urgente de políticas integrales que aborden tanto la educación vial como la mejora de las condiciones físicas de las rutas. El debate sobre radares, controles y campañas de concientización también vuelve a cobrar fuerza, especialmente entre quienes deben transitar a diario estos caminos.

La doble jornada de vuelcos del domingo no dejó víctimas fatales, pero sí volvió a mostrar lo frágil que puede ser una decisión al volante. En un segundo, todo puede cambiar. Y aunque esta vez no hubo que lamentar muertes, la sensación de alarma quedó flotando entre quienes escucharon las noticias o pasaron por los lugares de los hechos.


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