La provincia de Salta atraviesa horas de profundo dolor tras conocerse el fallecimiento de Eduardo Maizares, uno de los bomberos voluntarios que había resultado gravemente herido en la explosión de garrafas ocurrida días atrás en el barrio Las Tunas. La noticia se confirmó este viernes y causó una fuerte conmoción no solo en el cuartel al que pertenecía, sino también en toda la comunidad, que lo reconoce como un hombre que dio su vida por proteger a los demás.
Maizares había participado activamente del operativo desplegado tras la emergencia registrada en una vivienda del mencionado barrio, donde se produjo una violenta explosión de garrafas que puso en riesgo a varias familias. En ese contexto, el bombero resultó con lesiones de extrema gravedad y permanecía internado bajo cuidados intensivos, luchando por su vida desde el día del siniestro.
Su fallecimiento enluta al sistema de bomberos voluntarios de Salta y vuelve a poner en primer plano los riesgos permanentes que asumen quienes eligen esta vocación. Eduardo Maizares no era un desconocido para sus compañeros ni para los vecinos: era un bombero respetado, querido y admirado por su compromiso constante y su predisposición para acudir a cada llamado, sin importar la hora ni las condiciones.
Quienes compartieron guardias, entrenamientos y operativos con él lo describen como una persona solidaria, humilde y profundamente comprometida con el servicio. Siempre dispuesto a ayudar, Maizares era de esos bomberos que no dudan, que avanzan cuando otros retroceden, y que entienden su rol como una misión de vida.
La explosión de garrafas en barrio Las Tunas generó una situación de extrema tensión. El siniestro movilizó a dotaciones de bomberos, personal policial y servicios de emergencia, en un operativo complejo por la magnitud del riesgo y la posibilidad de nuevas detonaciones. En ese escenario, Eduardo Maizares intervino para proteger a los vecinos y evitar que el fuego se propagara, exponiéndose a un peligro extremo.
El impacto emocional de su muerte se sintió con fuerza desde las primeras horas del viernes. Mensajes de despedida, muestras de afecto y expresiones de reconocimiento comenzaron a multiplicarse entre compañeros, familiares y vecinos del barrio, que destacaron su entrega desinteresada y su vocación inquebrantable.
“Fue un hombre que dio la vida por salvar a otros”, repiten quienes lo conocieron, una frase que resume el sentir de toda una comunidad. Para muchos, su nombre quedará asociado para siempre al valor, al compromiso y al sacrificio silencioso que caracteriza a los bomberos voluntarios en Salta y en todo el país.
La figura de Maizares representa a cientos de hombres y mujeres que integran los cuarteles de bomberos voluntarios de la provincia, personas que muchas veces trabajan sin recursos suficientes, con equipamiento limitado y afrontando riesgos enormes, impulsados únicamente por la vocación de servicio y el deseo de cuidar al prójimo.
En barrios como Las Tunas, donde las emergencias suelen estar vinculadas a incendios domésticos, instalaciones precarias o el uso de garrafas, la labor de los bomberos es fundamental. Son ellos quienes llegan primero, quienes contienen, rescatan y ponen el cuerpo cuando la situación se vuelve crítica. La muerte de Eduardo Maizares expone, una vez más, el costo humano de ese compromiso.
Desde el ámbito bomberil se vive un clima de duelo profundo. Sus compañeros lo despiden no solo como un colega, sino como un amigo y un referente. En cada cuartel, su historia se suma a la de tantos otros bomberos que dejaron su vida en acto de servicio, reforzando el sentido de pertenencia y la hermandad que une a quienes eligieron este camino.
El fallecimiento también genera un fuerte impacto en la sociedad salteña, que en cada emergencia reconoce el valor de los bomberos, pero que muchas veces no dimensiona el riesgo constante al que se exponen. La muerte de Maizares reabre el debate sobre la necesidad de mayor apoyo, inversión y reconocimiento para los cuerpos de bomberos voluntarios de la provincia.
Familiares y allegados atraviesan horas de profundo dolor, acompañados por el respeto y el cariño de una comunidad que hoy llora a uno de sus héroes silenciosos. Eduardo Maizares deja una huella imborrable en quienes lo conocieron y en todos aquellos que, aun sin tratarlo personalmente, saben que su entrega permitió salvar vidas.