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Adopción en Argentina: cada vez hay menos familias y más chicos que esperan

La cantidad de postulantes cayó a menos de la mitad desde 2022, mientras la mayoría de los chicos en situación de adoptabilidad tiene más de 6 años.

Adopción en Argentina: cada vez hay menos familias y más chicos que esperan

La adopción en Argentina atraviesa una situación marcada por un fuerte desfasaje: cada vez hay menos personas inscriptas para adoptar, mientras miles de niños y adolescentes continúan esperando una familia.

Los últimos datos oficiales disponibles muestran que actualmente hay 1107 postulantes disponibles para ser convocados por la Justicia. La cifra representa menos de la mitad de los registrados en 2022, cuando había alrededor de 2516 aspirantes. El descenso es todavía más significativo si se compara con 2017, cuando el registro contabilizaba 5306 personas disponibles.

A la caída en la cantidad de postulantes se suma otro problema: la mayoría de quienes se inscriben busca adoptar niños pequeños. Más del 80% manifiesta disponibilidad para vincularse con chicos de hasta 5 años, mientras que menos del 2% acepta adoptar niños mayores de 10 años.

La situación contrasta con el perfil de quienes esperan una familia. El último relevamiento nacional, realizado en 2020 y publicado posteriormente, contabilizó 9154 niños y adolescentes que vivían en hogares convivenciales o con familias de tránsito. De ese total, 2199 ya habían sido declarados en situación de adoptabilidad.

En muchos casos, se trata de chicos mayores, adolescentes o grupos de hermanos. También existen niños con discapacidades, enfermedades o historias atravesadas por situaciones de vulneración de derechos, condiciones frente a las cuales la disponibilidad de los postulantes suele ser mucho menor.

El proceso de adopción no comienza directamente con la búsqueda de una nueva familia. La Justicia debe primero evaluar las posibilidades de permanencia del niño junto a su familia de origen. Cuando esos intentos no prosperan y se determina la situación de adoptabilidad, se inicia la búsqueda de personas que puedan asumir su cuidado.

El problema aparece cuando esa búsqueda no encuentra coincidencias. Un niño puede ingresar a un hogar a temprana edad y permanecer allí durante años mientras se define su situación. Ese tiempo resulta especialmente significativo porque, a medida que crece, disminuyen las posibilidades de encontrar postulantes dispuestos a adoptarlo.

También cambiaron las características de la demanda. Durante años predominó la idea de que prácticamente no había bebés en situación de adoptabilidad. Sin embargo, esa realidad comenzó a modificarse y actualmente existen casos de recién nacidos que son derivados a procesos de adopción.

Los especialistas señalan que las demoras no siempre responden a cuestiones administrativas. La vinculación requiere tiempos de adaptación y acompañamiento profesional, pero también depende de que exista una familia dispuesta a asumir las características y la historia particular de cada niño.

A esto se suman obstáculos concretos como la distancia entre provincias, los costos de traslado, las dificultades para ausentarse del trabajo y la falta de licencias laborales suficientes para atravesar una vinculación.

El desafío, entonces, no pasa solamente por aumentar la cantidad de personas inscriptas. También implica ampliar la mirada sobre la adopción y comprender que muchos de los chicos que esperan no son bebés, sino niños grandes y adolescentes que necesitan una familia capaz de acompañar sus historias.

En ese escenario, el sistema enfrenta una de sus principales tensiones: mientras disminuye el número de postulantes, la espera continúa especialmente para quienes tienen menos posibilidades de ser elegidos. El objetivo es evitar que esa espera se prolongue durante años y garantizar que cada niño pueda construir un proyecto familiar estable.

 


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