El 15 de febrero se conmemoró en todo el mundo el Día Mundial del Cáncer Infantil, una fecha que busca visibilizar una realidad que, aunque poco frecuente, sigue siendo una de las principales causas de muerte por enfermedad entre los más chicos en la Argentina.
En nuestro país la incidencia se mantiene estable: cada año se registran unos 131 casos nuevos cada millón de niños menores de 15 años. Eso equivale a más de tres diagnósticos diarios y a un promedio anual de 1.360 nuevos pacientes en ese grupo etario.
Los números, sin embargo, también traen una buena noticia. Gracias a los progresos en detección temprana, tratamientos cada vez más precisos y mejores protocolos de seguimiento, hoy siete de cada diez niños y niñas con cáncer logran sobrevivir. Una tasa que ubica a la Argentina entre los países con mejores resultados de la región y en línea con los estándares internacionales.
Detrás de estas cifras hay un trabajo silencioso de años. Desde hace un cuarto de siglo existe un registro nacional que recopila información de decenas de miles de casos y que permite conocer con precisión cómo evoluciona la enfermedad en todo el territorio, ajustar recursos y diseñar políticas públicas más efectivas.
Aun así, los especialistas insisten en que todavía queda camino por recorrer. El diagnóstico oportuno, el acceso rápido a medicamentos y el acompañamiento integral de las familias deben llegar de manera igualitaria a todas las provincias, sin que la geografía o la situación económica marquen la diferencia entre curarse o no.
Las leucemias, los linfomas y los tumores del sistema nervioso central siguen siendo los tres tipos más frecuentes en la infancia. Frente a ellos, el mensaje es claro: el cáncer infantil es una enfermedad grave, pero en la mayoría de los casos es curable si se actúa a tiempo y se garantiza el tratamiento adecuado en todo el país.