Desde hace ya un par de años, la inteligencia artificial dejó de ser una promesa de laboratorio o una herramienta aislada dentro de las empresas. Hoy, esta revolucionaria tecnología funciona como una capa que atraviesa todo tipo de industria, desde sistemas de atención al cliente, plataformas de comercio electrónico y áreas de marketing hasta logística, creación de contenidos y gestión interna.
Sin embargo, bajo esa misma etiqueta conviven avances con niveles de autonomía, impacto y complejidad muy distintos.
Por ejemplo, no es lo mismo automatizar tareas con modelos predictivos que generar contenido con modelos avanzados de lenguaje o delegar procesos completos a agentes capaces de ejecutar acciones sin intervención humana constante.
Por esos motivos, distinguir entre IA tradicional, IA generativa e IA agéntica es clave para entender qué hace y para qué sirve cada una y hasta dónde puede llegar su impacto.