Dos internas de la Unidad Penitenciaria N° 47 de José León Suárez, en la provincia de Buenos Aires, se convirtieron en protagonistas de un video viral al quejarse de tener que comer pollo todos los días. Con un tono irónico y exagerado, las mujeres grabaron un breve clip desde el interior del penal que rápidamente se difundió en redes sociales, generando risas, críticas y un intenso debate sobre el menú penitenciario.
En la grabación, una de las internas bromea diciendo que “nos van a salir alitas”, mientras ambas ríen y exageran su descontento con la comida diaria. La segunda interna suma: “Todos los días comer pollo, pollo, pollo. ¿Qué se piensa que somos?”. Entre risas, repiten el reclamo y terminan gritando al unísono “¡Justicia, justicia, justicia!”, dejando en evidencia la ironía con la que buscaban transmitir su mensaje.
El video no tardó en viralizarse y llamó la atención de los usuarios por varios motivos. Por un lado, algunos cuestionaron que las internas tengan acceso a un teléfono celular dentro del penal, algo que genera polémica respecto al control y la seguridad en las unidades penitenciarias. Por otro lado, el contenido del reclamo abrió el debate sobre la monotonía de los menús carcelarios y la calidad de los alimentos que reciben las personas privadas de libertad.
Más allá del humor evidente en el video, expertos en derechos penitenciarios señalan que la alimentación en los penales suele estar regulada por normativas nacionales, pero que la monotonía y la repetición de ciertos alimentos es un problema frecuente en varias unidades del país. Pollo, arroz, fideos y verduras son las bases de la dieta diaria, muchas veces criticada por quienes la consideran insuficiente o poco variada.
En redes sociales, la reacción de los usuarios fue mixta. Mientras algunos compartieron el video con comentarios humorísticos y memes sobre la “dieta del penal”, otros manifestaron preocupación por la seguridad, la salud de las internas y la administración de los recursos del sistema penitenciario. La viralización también reavivó la discusión sobre la necesidad de mejorar la logística de los menús y garantizar una alimentación balanceada para quienes están privados de su libertad.
El caso también refleja cómo la comunicación digital puede transformar un reclamo cotidiano en un fenómeno viral. La capacidad de grabar y difundir contenidos desde el interior de las cárceles genera nuevos desafíos para las autoridades, que deben equilibrar la seguridad con el derecho a expresar opiniones y registrar situaciones que afectan a los internos.
Si bien el video fue compartido principalmente con fines humorísticos, los especialistas coinciden en que las quejas sobre la dieta carcelaria son legítimas y merecen atención. La alimentación en los penales no solo influye en la salud física de los internos, sino también en su bienestar emocional y en la dinámica interna de convivencia.
En los últimos años, la temática de los menús penitenciarios ha ganado visibilidad a través de diversas plataformas digitales, mostrando tanto situaciones insólitas como reclamos serios de quienes cumplen condena. El caso de las internas que ironizan con el exceso de pollo se suma a esta tendencia, y aunque generó risas, también abrió un espacio de reflexión sobre cómo se gestiona la alimentación en las cárceles y qué cambios podrían implementarse para mejorar la situación.
En definitiva, un video de apenas unos segundos logró combinar humor, crítica y viralidad, poniendo sobre la mesa un tema cotidiano del sistema penitenciario que rara vez llega a los medios tradicionales. La combinación de ironía, exageración y una denuncia implícita convirtió a estas dos internas en protagonistas de un debate más amplio sobre alimentación, derechos y comunicación dentro de las cárceles argentinas.