Alpine atraviesa una fuerte interna que mantiene en alerta al mundo de la Fórmula 1. La posible venta del 24% del equipo, actualmente en manos de un fondo estadounidense, abrió una disputa con Renault que podría redefinir el futuro de la escudería y su posicionamiento dentro de la categoría.
El conflicto gira en torno al control de esa participación minoritaria. Hoy, Renault conserva un derecho de veto que le permite bloquear cualquier operación, pero ese poder tiene fecha de vencimiento: el 13 de septiembre de 2026. Hasta entonces, la automotriz francesa busca sostener el control estratégico y evitar cambios bruscos en la estructura del equipo.
En ese contexto, ya hubo ofertas importantes que no prosperaron. Una de las más relevantes fue impulsada por un grupo inversor vinculado a figuras de peso dentro del paddock, que valuó al equipo en unos 2.500 millones de dólares. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por la conducción de Renault, que prioriza la estabilidad por sobre una inyección inmediata de capital.
La negativa no fue gratuita. Generó un quiebre en la relación entre las partes involucradas en la negociación, al punto de congelar el diálogo y profundizar la tensión interna. Desde entonces, el clima es de desconfianza y cada movimiento se analiza con cautela.
Mientras tanto, el fondo que posee el 24% mantiene su intención de vender. Con mayor respaldo financiero tras recientes movimientos en el mercado, planea avanzar con una subasta internacional en los próximos meses para maximizar el valor de su participación. La estrategia apunta a aprovechar el creciente atractivo económico de la Fórmula 1, que sigue sumando inversores globales.
El interés no falta. Entre los posibles compradores aparecen nombres de peso, tanto del automovilismo como del mundo financiero. Incluso se menciona la posibilidad de que un fabricante con presencia actual en la categoría avance para fortalecer su posición como socio técnico y deportivo.
En paralelo, también hay especulaciones sobre un acuerdo más profundo que incluya el suministro de motores y desarrollo conjunto, una pieza clave en el nuevo esquema técnico que se proyecta en la F1. Este tipo de alianzas no solo impacta en lo económico, sino también en el rendimiento en pista.
Los números que se manejan reflejan el momento del negocio: la porción en venta podría alcanzar entre 550 y 600 millones de dólares, lo que ubicaría la valuación total del equipo en cifras cercanas a los 2.000 o 2.500 millones. Un salto significativo si se compara con inversiones de hace apenas unos años.
A pesar de este escenario, Renault no pierde de vista su objetivo principal: mantener el control y elegir un socio que se ajuste a su proyecto deportivo e industrial. La compañía entiende que cualquier acuerdo deberá respetar su rol mayoritario, incluso después de perder el derecho de veto.
En lo deportivo, el presente acompaña. Alpine logró mejorar su rendimiento respecto a la temporada anterior y se posiciona en la zona media del campeonato, un factor que aumenta su atractivo ante posibles inversores. Los resultados, aunque todavía lejos de los equipos líderes, muestran una tendencia positiva.
Con la Fórmula 1 en receso temporal tras la suspensión de algunas carreras, el foco se trasladó a los escritorios. Allí se juega una partida clave que puede modificar el mapa de alianzas en la categoría. La cuenta regresiva ya empezó y septiembre aparece como el punto de inflexión para una decisión que marcará el rumbo del equipo.