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Ajuste cotidiano

El bolsillo condiciona cada vez más el almuerzo de los trabajadores

Un informe de la UCA reveló que más del 80% de los asalariados debió modificar su dieta o saltear comidas por motivos presupuestarios.

El bolsillo condiciona cada vez más el almuerzo de los trabajadores

La rutina laboral de millones de trabajadores se encuentra atravesada por una variable insostenible: el costo de la vida cotidiana. Salir a trabajar ya no solo implica organizar los tiempos de traslado, sino resolver cómo alimentarse sin que el presupuesto mensual se desmorone. Entre la vianda preparada la noche anterior, la búsqueda desesperada de promociones en comercios de cercanía y la resignada decisión de pasar varias horas en ayunas, el momento del almuerzo dejó de ser una pausa reconfortante para convertirse en una ecuación económica compleja.

Un reciente relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) le puso cifras concretas a esta realidad. El estudio, elaborado a partir de entrevistas a más de mil asalariados de distintos puntos del país, reveló que el 22,6% de las personas no ingiere ningún alimento durante su horario de trabajo. Esto significa que casi uno de cada cuatro empleados cumple jornadas completas sin realizar una sola ingesta.

El aspecto económico figura como el factor determinante al momento de tomar estas decisiones. De acuerdo con los datos recopilados por la institución, el 83,5% de los trabajadores experimentó algún tipo de privación alimentaria por razones presupuestarias. Esta afectación se manifiesta tanto en la reducción o eliminación directa de comidas como en la pérdida paulatina de la calidad nutricional de los platos elegidos.

 

(Imagen ilustrativa generada con IA)

 

La resignación de una dieta equilibrada es, de hecho, el síntoma más extendido. El 78,5% de los encuestados admitió haber volcado sus selecciones hacia opciones menos nutritivas pero más accesibles para no sobrepasar sus posibilidades financieras. Para la gran mayoría esto ocurre de manera recurrente, mientras que para un cuarto de los consultados ya representa una práctica fija en su día a día.

La logística diaria exige hacer malabares. Quienes eligen comprar comida al paso en las zonas comerciales o gastronómicas se enfrentan a montos diarios que impactan de lleno en el recibo de sueldo. Ante este escenario, la vianda hogareña reaparece como la alternativa principal de ahorro. Cocinar durante el fin de semana o aprovechar los sobrantes de la cena requiere un esfuerzo organizativo previo, pero resulta ser la única manera de garantizar un plato sustancioso sin liquidar los ingresos.

A la limitación monetaria se le suma la falta de tiempo y de infraestructura en las instalaciones laborales. Un 26% de los empleados manifiesta serias dificultades para tomarse un descanso regular durante sus tareas. La disponibilidad de un comedor equipado dentro del establecimiento marca una diferencia sustancial: en los lugares donde existe este espacio, la inmensa mayoría logra hacer el corte, mientras que en los puestos que carecen de equipamiento, el porcentaje cae notablemente y fuerza a las personas a comer sobre sus escritorios o a prescindir de la pausa.

Especialistas en nutrición advierten que postergar la comida o limitarse a opciones de baja calidad genera consecuencias directas en la salud. El ayuno prolongado en medio del esfuerzo laboral provoca cansancio, falta de concentración y favorece atracones durante la noche. Del mismo modo, enfatizan la necesidad de realizar un corte mental respecto de las pantallas para digerir adecuadamente. Sin embargo, en un contexto donde el bolsillo aprieta, el margen para priorizar el bienestar parece ser un lujo que cada vez menos trabajadores pueden darse.

 

(Imagen ilustrativa generada con IA)

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