El consumo aparente de carne vacuna en la Argentina volvió a registrar una severa contracción durante el mes de agosto, al ubicarse en un promedio anualizado de 46 kilos por persona. Esta cifra representa un desplome del 9,5% respecto al mismo período del año anterior y confirma un estancamiento en niveles mínimos que no se observaban en las últimas dos décadas, consolidando una transformación profunda en los hábitos alimentarios de la población. De acuerdo con los datos sectoriales procesados por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), entre enero y agosto los envíos hacia el mercado interno totalizaron 1,377 millones de toneladas res con hueso. El guarismo refleja un recorte del 11,3% en la oferta doméstica en comparación con los primeros ocho meses del año pasado, lo que equivale a casi 176 mil toneladas menos puestas a disposición de las carnicerías y supermercados. La caída de la demanda interna responde en gran medida a la persistente pérdida de dinamismo del poder de compra de las familias, agravada por incrementos de precios que continuaron situándose por encima del promedio de la economía. Durante el último año, el precio minorista de los cortes vacunos acumuló un alza del 51,2%, superando con holgura el índice general de precios y ampliando la brecha con alimentos sustitutos como el pollo. En paralelo a la contracción del consumo, la actividad productiva primaria también dio señales de desaceleración. En el acumulado del año, la faena vacuna registró un descenso del 9,9% interanual al contabilizar 8,13 millones de cabezas, un fenómeno que derivó en una menor producción total de carne, la cual se redujo un 6,8% para ubicarse en 1,944 millones de toneladas. Ante el deterioro de la demanda local, la cadena ganadera reorientó su estrategia comercial hacia el mercado externo. Las exportaciones mostraron una evolución positiva impulsada por la apertura de cuotas en destinos clave como Estados Unidos e Israel, permitiendo sostener la facturación general de los frigoríficos exportadores a pesar del enfriamiento de la plaza nacional.Este cambio de dinamismo provocó una alteración estructural en la distribución de la producción. La participación del consumo interno dentro del total producido cayó del 74,4% al 70,8%, cediendo terreno frente a los despachos hacia el exterior, que pasaron a absorber una cuota mayor del volumen faenado en el país. Analistas del sector advierten que la brecha entre el costo de la canasta cárnica y la capacidad de ingreso de los hogares continúa empujando la migración hacia proteínas más accesibles. Si bien el consumo de ave y cerdo ha amortiguado parcialmente el impacto en la dieta, la carne vacuna pierde espacio de forma estructural en la mesa cotidiana de los argentinos.Con este escenario, la industria frigorífica encara el último tramo del año bajo un doble desafío: la falta de señales claras de reactivación en la demanda interna y la necesidad de mantener la competitividad internacional ante costos operativos en alza. Por el momento, el histórico asado argentino continúa condicionado por el bolsillo golpeado de los consumidores.
Mercados financieros
Mercados globales en baja por temores sobre la inteligencia artificial
La volatilidad global desatada por el debate sobre el avance descontrolado de la inteligencia artificial y las definiciones sobre tasas de interés afectaron las cotizaciones de los activos nacionales en Wall Street.